lunes, 5 de noviembre de 2012

Paseo por el antiguo Barrio Nuevo


Calles cuidadosamente enlosadas y entre casas molineras.
Sin calzada, sin aceras. Tan solo una hilera de macetas que aproximan los balcones enrejados.
Entre plantas de geranios y verbenas, puertas de brillante barniz y torneados  pomos de latón reluciente, indicios de una dignidad buscada.
Sin comercios, ni bancos, ni oficinas la actividad no existe.
El tiempo aquí solo rige las comidas y los sueños.
Tras una ventana entreabierta, un hombre hurga en sus pensamientos, incapaz de leer en las líneas de su vida.
Los portales atrancados. No puedo robar historias.
No existe razón alguna para frecuentar esta calle, o más bien este pasillo.
Porque un pasillo es algo familiar, como lo es este lugar donde el único sonido que se escucha es el murmullo de una conversación banal en el fondo de la calle, arañando el silencio de la noche. Palabras pronunciadas y perdidas.
Su avanzada edad y su inocente aspecto de mujeres de barrio sugieren una feliz vida interior entre pucheros y plantas cultivadas en sus huertos traseros. Huertos que sirvieron de alimento y de recreo a los forjadores, panaderos y posaderos que, en un día no muy lejano, habitaron este antiguo barrio nuevo.  

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