martes, 6 de noviembre de 2012

Rodrigo y el mar



Rodrigo es un jubilado que cada mañana de domingo, baja hasta el puerto para dar de comer pan seco a los peces. No es ni muy viejo, ni muy bajo, ni muy lento. Es, sencillamente, otro jubilado más en el paseo marítimo, con negra boina en su cabeza y curvado cayado en la mano. Esta costumbre de dar pan seco a los peces, la cogió de joven, trabajando en un restaurante junto al puerto. Cada noche, si no acababa muy cansado, tiraba el pan duro en pequeños trozos al agua, acudiendo al instante una muchedumbre de sombras submarinas.

Cierto día de otoño, estando de charla con sus peces, se acercan curiosos un padre y su pequeño, que están de paseo. El niño, pensativo, le pregunta a Rodrigo por qué tira pan al agua.
-       Para que puedan comer mis peces -contesta sonriendo-. Los he criado desde que nacieron.

El niño, no muy convencido, se queda mirando a los enormes peces y vuelve a preguntar: “¿Y cómo se llaman? ¿Quién los ha traído?”. Rodrigo pausa, le responde con un montón de nombres que el niño da por buenos y termina contándole la increíble historia acerca del origen de los peces en el puerto. Desde entonces, el niño arrastra a su padre cada domingo, para ver comer a los peces.

Hace ya muchos años que Rodrigo murió, pero sus peces aún comen ahí. Matías sigue fiel a su cita semanal, acercándose cada domingo al puerto para dar de comer pan a los peces, y contarle a su pequeño hijo Rodrigo, fantásticas historias sobre quién los puso ahí. De vez en cuando, el niño, algo incrédulo, le pregunta. “¿De verdad te sabes todos los nombres todos de los peces, papa?”

Fanathur
"Historias que nunca ocurrieron"

1 comentario:

  1. Pues para estar invisible eres muy presente porque este relato ya lo publicaste en octubre, esto me da escalofríos, ¿es el fantasma de Daniel revisitando sus textos? ¿es un impostor que te plagia los relatos? o es un suplantador de identidades que quiere hacerse con tu obra literaria? UHHHHHH

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