miércoles, 26 de diciembre de 2012

Noche en El Estrecho.





-¿Sabes lo que te digo?, ¿sabes lo que te digo?
Alfonso escuchaba tras la barra, mientras apagaba la máquina de café.  Hacía bien, una, porque ya era hora de cerrar y, dos, porque: ¿quién busca la lucidez del café a la una de la mañana de un jueves?
- Alfonso, ¿sabes lo que te digo?-repetía el cliente con su insistencia etílica. -¿Sabes lo que me dio mi madre? Tristeza, eso es lo que me dio mi madre, tristeza. Bueno, tristeza y las tres casas y punto. Tristeza, eso y bueno, el campo también me lo dio, si el campo con los animales y eso. Tristeza, eso me dio y bueno, si, la casa del pueblo también…
-¿En dónde has estado? -preguntó Alfonso- porque yo no te serví alcohol.
-En todos lados, en ninguno, no sé. ¿Sabes de qué estoy borracho Alfonso? De mi mismo, de eso estoy borracho.  De ser siempre el mismo, de tener las mismas ideas, de ir a los mismos lugares, de que todo el mundo me conozca por lo que fui y no por lo que soy o por lo que voy a ser…
-Estoy borracho de la parienta Alfonso, de que no quiera que vea el futbol, y es que Alfonso, te juro, que sólo veo los partidos del Madrí.  Bueno y los de la Roja, claro, y los del Barsa y alguna que otra vez que veo al Málaga…
Luego, un silencio, el de la noche, entrecortado por los latidos del Bar que se prepara a cerrar.
-Estoy borracho de la rutina y de mí, Alfonso, y del pescaíto…
-Del pescaíto seguro que no va a ser -dijo José, el camarero, que apuraba la limpieza para cerrar para siempre, al menos por ese día, el local.
Alfonso aprovechó para preguntarle al cliente: ¿Sabes volver, Paco?
-Sí Alfonso, si ese no es el problema. El problema, es que no sé perderme.

Gustavo.

3 comentarios:

  1. Ja, ja. Paco, de vez en cuando, hay que saber perderse para, una vez reencontrado, seguir nuestro camino algo más alegres.

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  2. me encanta Gustavo, punto cómico, podría ser una escena de Friends o de cualquier b arra, pero el personaje me encanta¡¡¡¡

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  3. Es la clave, alejarse de lo que produce la embriaguez y quizá, embriagarse de cosas nuevas para perderse en ellas.

    Los campos de fútbol son pequeños, y las casas dejadas también.

    Una lectura exquisita, Gustavo, Enhorabuena.

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