lunes, 21 de enero de 2013

Crimen perfecto 1ª parte

Un descapotable azul fluye rápidamente entre la densa circulación de Nápoles, sin temor a que lo paren, hasta una casa adosada en las afueras, donde se detiene junto a un coche de la policía. Tras unos segundos sentado al volante, el conductor se baja y se dirige hacia las escaleras de la urbanización. Cerca ya del número 23 se cruza con dos carabinieros que le saludan. Levanta la cinta policial y entra en la casa.

No han forzado la puerta y la entrada se encuentra recogida y ordenada. Sin embargo, el intenso olor dulzón delata, por sí solo, la presencia de un cadáver… y con sangre. Aparta con un pié una botella vacía de Martini Bianco y entra al salón. De inmediato, se topa con dos sofás enfrentados y un cadáver sentado en uno de ellos. El fiambre tiene un agujero en la cabeza y ha decorado su pared trasera de un caótico gotelé granate.

    –   Buenos días, inspector Mateo –le saluda un agente dándole la mano.
    –   ¿Qué tenemos, Filipo?
    –   Asesinato. Un tiro en la cabeza –señala el agujero de entrada.
    –   ¿Conocido? –se acerca a la víctima.
   –   Si, bastante. Se trata de Jean Paul Marconi, ese paparazzi que en sus ratos libres vende, bueno, vendía, fotos de otro tipo. Ya lo habíamos detenido en alguna ocasión por extorsión y chantaje… – Un buen fotógrafo –interrumpe sarcásticamente. – Supongo que dio con un objetivo demasiado grande para él. Cosas de la vida, ahora seremos nosotros los que le retrataremos.
   –   ¿Pistas? – el inspector sigue dando vueltas por la habitación.
   –   Nada. El asesino debía ser profesional, porque por no dejar, no ha dejado ni la bala.
   –   ¿Cómo? –se incorpora tras mirar debajo del sofá.
   –   Que se entretuvo en sacar la bala de la pared. Lo único que tenemos es un marco sin foto junto al cadáver. Podría tratarse de alguien cercano a la víctima.
   –   ¡Eh, un momento! –le indica desde el otro lado de la habitación a un agente que ha encontrado algo en el sofá.
   –   ¿Qué es eso? –señala el inspector. El agente le entrega un objeto embolsado al ayudante.
   –   Parece ser una barra de labios… roja y muy usada, inspector. Posiblemente se le cayó a la persona que se sentó aquí.
   –  Quién sabe. Con suerte esa mujer y el asesino podrían ser la misma persona. Eso encajaría con la desaparición de la foto.
   –   ¿Una ex, inspector?
   – O alguien de la camorra, vete tú a saber. Este tipo de gente no conoce líneas rojas. En todo caso, alguien cercano. Que saquen un perfil del pintalabios y lo busquen en la base de datos. Pásame una copia cuando lo tengas listo. Me largo –dice mientras da un último vistazo a la habitación.
   –   No se preocupe, inspector. En cuanto terminemos aquí le dejo una copia del informe en su despacho. Hasta luego.

El inspector abandona la casa y se dirige hacia su descapotable. Pensativo, se monta y conduce, ahora más tranquilo. En su cabeza siguen dando vueltas las imágenes del cadáver, la conversación con Filipo y la foto que guardó de madrugada en su caja fuerte, junto a su anillo de la academia de Quántico y el pendrive que le quitó al curioso de Jean Paul.

3 comentarios:

  1. Como el buen vino , este relato mejora con los años, jajaja, bueno ya sabes lo que quiero decir, lo he leido en varios sitios ya, y me parece muy bueno, de mucho nivel, es muy dinámico y muy literario. Felicidades.

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  2. Con lo vemos de la corrupción de los que mandan... Fijo que se va de rositas.

    La clave es estar en el lugar adecuado a la hora adecuada, porque como sea al contrario, bye, bye, Jean Paul.

    Y decirte que he visto el texto sin sobras ni faltas. Me convence el planteamiento y me sugiere la acción.
    Enhorabuena.

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  3. Muchas gracias, compañeros. Pronto colgaré la segunda parte, donde se lía aún más la historia. A este ritmo voy a terminar como PERDIDOS, sin saber como salir del lío.

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