miércoles, 30 de enero de 2013

MEMORIAS DE UN PAJARITO

Estaba helado, ese día había amanecido más frío que los demás. Desde que me  echaron de mi hogar, he estado revoloteando sin rumbo fijo, triste y hambriento. Es verdad que aquel niño rubito con gafas me martirizaba, pero su madre era un cielo, me cuidaba, me hablaba con cariño, me daba para comer unas cosas raras pero deliciosas… No sé por qué se deshicieron de mí. No les picaba, me subía a sus dedos, hacía “piiiiiiii” todo el rato. En fin…, ¡qué dura es la vida!

Ese día hacía mucho frío. Vi una puerta abierta en una casa que parecía bonita, tenían un cuadro muy grande con unos árboles verdes… Me dije: si les gustan los árboles, les gustarán los pájaros. Y me colé dentro.

Unas horas más tarde, vinieron los señores de la casa. No se parecían en nada a mis anteriores dueños, eran más viejos, él, con el pelo blanco, ella, bajita. Y olían diferente. Cuando me descubrieron, me quisieron coger. ¡Pero, bueno, qué se habían creído! ¿Que uno se va con cualquiera? ¡Vamos, hombre! (Esto de “hombre” se me ha pegado, no sé por qué)

Menos mal que me dieron alpiste. Es una comida muy ordinaria, impropia de mi alcurnia, pero, por lo menos, me quitó el hambre. Al día siguiente, trajeron una jaula (para entonces, yo ya me había cagado en todas las repisas y en todos los jarrones, ¡que se jodan, así aprenderán!). ¡Y sí! me pusieron el pienso ese que tanto me gusta, y la barrita de cereales, y agua, y ¡hasta un trozo de manzana!
Creo que no voy a estar tan mal, al fin y al cabo…

Por la tarde me abrieron la puerta. ¡Por fin! y pude revolotear un poco, ¡menos mal, mis plumas estaban anquilosadas! Tenían unas plantas sabrosísimas, me comí los tallos de varias hojas y eso no le debió de gustar a la señora, porque puso el grito en el cielo y me obligaron (¡Con muy malas artes!) a entrar de nuevo en la jaula.

Desde entonces no me volvieron a abrir la puerta, ¡ingratos…! ¡Ah! y no le debían gustar mis maravillosos trinos. En cuanto empezaba a trinar ¡Piiiiii! ¡Piiiiii! ¡Piiiiiii! ¡Piiiiii!... me llevaban a un cuarto oscuro y me echaban un trapo por encima. ¡Qué coñazo!

Durante el día, se iban tempranísimo y me dejaban solo.¡Pero bueno!, ¿para eso tienen animales?, ¿para dejarles solos en casa, tristes y deprimidos? Eso sí, me sacaban a la terraza y me dejaban al sol. Y yo, toda la mañana escuchando a los otros pájaros piando y viéndoles volar de rama en rama por las palmeras del jardín. ¡Y eso que eran simples y grises gorriones! ¿Y yo? ¡Con mis plumas verdes, rojas y azules, aquí, prisionero en esta puta jaula! ¡Qué mierda de vida!

Una tarde, al enganchar entre las rejas un delicioso trozo de kiwi, se dejaron la puerta sin cerrar bien. ¡Qué idiotas! Un simple empujoncito y ya estaba fuera.
¡Qué maravilla poder volar entre las largas hojas de aquellas altísimas palmeras, mirando por encima del ala a los feos y humildes gorriones! ¡Que les den! me dije, a ver si se creen que me pueden tener encerrado de por vida, esos engreídos humanos…

Ha anochecido. Empieza a hacer frío. Tengo hambre. Me dejé un trozo de kiwi sin comer. Voy a darme un garbeo por la jaula. ¡Coño! ¡Si ya no está! ¡La han quitado! ¡Serán cabrones! ¿Así me pagan el que les haya alegrado la vida todos estos días? ¡Desagradecidos…! ¿Y ahora qué hago? Yo una noche a la intemperie  no la paso ni loco. ¡Ah! Allí hay una luz encendida y la puerta parece abierta… Me voy a acercar un poco, a ver qué clase de gente es… Bueno, ella es un poco feucha, pero él parece un tío simpático, ¡y no hay niños! Voy a probar. Ahora que han salido del salón, voy y me cuelo. ¡Ya está! En esta repisita me voy a quedar un rato, para ver el percal… Como no me gusten, me voy, ¡vaya si me voy!

Se está a gusto, parece que tienen calefacción. Ay… qué ganas me están dando de echar una cagadita. ¡Hummmm! ¡Sííííííí´! ¡Esto es vida!

4 comentarios:

  1. me lo apunto, el texto es osado y me gustan los derroches de imaginación

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  2. No le auguro un futuro prometedor al pajarito...

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  3. Nunca me hubiera imaginado un pajarito que dijera coño y cabrones, pero para eso hace falta una gran imaginación, y ganas de experimentar para salirnos de lo trillado y muy visto.Buen relato !

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  4. A mí no me parece muy imaginativo decir cabrón y coño, por mucho que lo diga un pájaro.

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