viernes, 22 de marzo de 2013

Ejercicio poético

La mesa roja azulada
no quiero que te la lleves
es donde aprendo tu cuerpo
es donde tú me entretienes.

Ayer te vi en la ventana
ella te hablaba al oído,
una Harley pasó rauda
reverberando en el ruido.

Los hombres y las mujeres
serán bolas de cristal;
ellas de cintas de seda,
ellos de plantas de mar.

Voy soñando en pasos cortos
y me veo y tu vas conmigo,
luego al abrir la mirada
siento un silencio continuo

Nueva York es así

En Nueva York el asfalto
huele a ruido, a movimiento;
es una línea en el plano,
que se quiebra sobre el cielo.
Se hizo una herida en el centro
de verdes, flores y viento.
Sostiene en sus brazos fuertes
todos los pasos inquietos
de las gentes que allí viven,
por mas tiempo y menos tiempo.
Forma calles en cuadrados
por ser sin dejar de serlo,
y en los días de mas frío
se vuelca incluso en el río
y se arrastra hasta la estatua
donde se yergue sereno.

lunes, 11 de marzo de 2013

Un Beso de Pelicula


Desde pequeña soñó con ser actriz.  Su aspecto físico le ayudaba.  Era un joven alta, con un cuello largo  siempre adornado por un viejo cordón del que colgaba una concha recuerdo de su madre fallecida cuando era pequeña.  Los ojos verdes achinados casi desaparecían cuando sonreía y su melena, una melena rizada y pelirroja , la hacían inconfundible a los ojos de los demás. Unas piernas largas y perfectas delataban sus veintidós años.

Vivía en Almería. Su padre trabajaba como carpintero en Tabernas, concretamente en el Desierto de Tabernas, un paraje desértico elegido por muchos directores de cine para rodar escenas de exteriores. Allí, entre actores vestidos de indios y vaqueros, descubrió que su vida iba a ser esa. Sería Actriz. Hacía pequeños papeles.  Le gustaba el olor a pólvora, sentir el suave cuero en su piel cuando se vestía y cubrirse el pelo con una peluca de trenza larga y  negra. Todavía podía incluso revivir  la ligera irritación que le producía en la cabeza cada vez que la usaba. 
Añoraba el viento del desierto cuando soplaba en ese pequeño pueblo  de madera,  a veces fantasmal y mudo ,  y otras,  lleno de chapoteos de carruajes pisando el barro y extras con sombreros de cowboy , pistoleras y botas con espuelas. Y como no, el sonido de las balas de fogueo.

 Esas tardes con su padre en la oficina del Sheriff discutiendo de materiales y emplazamientos mientras aserraba listone, esas tardes,  consiguieron que el olor a madera le acompañara siempre.

Su película preferida,  Lo que el viento se llevó” y su beso favorito,  el que daba Gary Cooper a Vivien Leigh cuando regresaban a Tara después de la guerra. Si ella conseguía hacer sentir ese beso de la misma forma, habría conseguido su objetivo.

Y hoy, a punto de estrenar su primera película junto a uno de los grandes actores del momento,  solo pensaba en ese beso y en lo que significó en sus duros inicios.

El  beso de un sueño.

Kika PSolero

 

 

Desencuentro

Dejaré que los espacios siderales
se hagan eco de las cosas que no entiendo;
que las pasen por espejos de otras almas,
que las soplen hacia el cielo o al infierno.
Hoy camino por un mundo de belleza,
que he bordado con agujas de misterio,
con los hilos que me traen las mariposas
de sus bosques donde el sol guarda sus sueños.
He aprendido paso a paso y muy despacio,
a plantar en cada espacio en que me encuentro
una luz,  que iluminando las tinieblas
me devuelva al buen Dios del que procedo.

domingo, 10 de marzo de 2013

La puerta.


El cuchillo se mueve ágil y preciso en manos de Tania. Mientras comienza a cortar las verduras, un familiar sonido desde su portátil, colocado sobre un lateral de la encimera, le informa que la videoconferencia de Skype está lista.
―   Hola, cariño. Acabo de recoger a las chicas del conservatorio.
―   Hola, mamá –gritan al unísono desde el fondo.
―   Hola, preciosas. Vale, ya comienzo a preparar la cena. No me tardéis –y sigue cortando verduras.
―   Tranquila, antes no había mucho tráfico en la radial. Te quiero.

Tania repasa mentalmente el procedimiento y los pasos para el nuevo plato que se ha bajado de internet: las verduras, cortadas; el arroz, cocido; la carne, pendiente. Pone un poco de aceite de oliva en la sartén, dejándolo a fuego lento para ir hasta la entrada y quitar el cerrojo de la inmensa puerta de roble que adorna el tranquilo chalet de sus sueños. Observa por la mirilla y enciende las luces del garaje exterior. “Así no me interrumpirán luego”.

De regreso a la cocina, pasa por el salón y aviva un poco la chimenea. Ya de vuelta, gradúa el calor de la sartén y pone los filetes de ternera dentro. Un chisporroteo le indica que debe bajar un poco más la potencia. Luego, vuelve a su portátil para recordar los pasos que vienen ahora. Mientras examina el texto, un reflejo en la pantalla llama su atención. Se vuelve, pero no ve a nadie. “Demasiadas pelis de terror, Tania.” Continúa mirando el menú. No obstante, vuelve a sentir la presencia aunque esta vez no le ha hecho falta ningún reflejo. Se asoma hasta el pasillo de entrada y descubre a un hombre corpulento con pasamontañas; un temblor le recorre el cuerpo. Durante unos segundos se queda quieta, congelada ante la amenaza, pero con un giro rápido sale corriendo en dirección al dormitorio, mientras grita pidiendo ayuda. El intruso reacciona y la persigue sin poder alcanzarla. Por desgracia para Tania, un segundo intruso aparece en la puerta del dormitorio, cortándole el paso; sin tiempo a reaccionar le da un puñetazo tal y como va. El derechazo coge desprevenido al extraño, pero no lo suficiente para tirarlo y como respuesta, una patada en el estómago la despide hacia atrás un par de metros, donde el primer intruso la coge por el pelo, arrastrándola por el pasillo hasta el dormitorio.

Los agresores no le preguntan nada. Sencillamente la ponen sobre la cama y comienzan a darle golpes en la cara y el estómago. Después de unos cuantos, el hombre alto y delgado, le indica que solo quieren el dinero y las joyas y que cuanto antes lo tengan, antes acabará todo y vuelve a pegarle otro puñetazo en el estómago. Su compañero levanta un poco la cabeza, husmea el aire y sale en dirección a la cocina para apagar el fuego de la sartén, regresando con el cuchillo de la carne. Al final, Tania termina por decirle la ubicación y la contraseña de la caja fuerte. Ambos hombres se hablan en un idioma extranjero y mientras el agresor alto sale en busca del dinero, el otro, más corpulento y obeso, se queda vigilándola sentado en la cama de matrimonio, palpandole el pantalón.

Al cabo de dos minutos, el ladrón regresa encontrándose con que su compañero ha estado aprovechando el tiempo a su manera. Tania, está llorando sobre la cama, sin fuerza para oponerse más a su opresor.
―   Déjala. No hay tiempo para eso. Ya te follarás una puta luego –recomienda el ladrón en su idioma.
―   De eso nada. Siempre hay tiempo. Dame un par de minutos, venga –Le da un puñetazo en la mandíbula a la mujer.
―   Ok, solo un par de minutos –Suelta la bolsa y se pasea mirando las fotos del tocador-. Tienes unas hijas muy lindas ¿Qué edad tienen? -pregunta en castellano.
―   ¡Cóño, cállate! Que no me concentro –se cabrea el violador

No acaba de terminar la frase cuando una luz muy potente y un ruido de ruedas sobre gravilla atraviesan la casa. Tania intenta zafarse pero un fuerte tirón de su pelo la deja como estaba. Los dos hombres susurran algo en su idioma. El largo sale en dirección a la puerta de entrada, agazapado, con una pistola en la mano para esconderse detrás de la enorme puerta de entrada. El segundo le susurra al odio: “Hoy habrá postre...” y le lame la oreja.

El ladrón espera. Unas llaves suenan débilmente y la puerta comienza a abrirse, lento al principio, hasta que de pronto se termina con una potencia que pilla por sorpresa al ocultado. El golpe es tan fuerte que lo deja semiinconsciente en el suelo. El violador, que no espera ese sonido, se agacha junto a la puerta y cuchillo en mano, asoma la cabeza. Su sorpresa se refleja en la cara al verse de frente y a pocos metros, con dos agentes completamente armados que le apuntan con las miras laser de sus fusiles de asalto.

Tania sigue moviendo sus puños y por fin consigue zafarse. Aún desorientada por los golpes, se arrastra hasta los pies de la cama y de una patada empuja al violador que, perdiendo el equilibrio, cae hacia los agentes. Los policías, no dudan en abrir fuego contra la amenaza que se les viene encima.

El tiroteo apenas dura un segundo. El estruendo deja lugar a la confusión y policías y sanitarios entran corriendo en la casa. Tania, sentada al pie de la cama, se asoma por el pasillo para ver a su agresor en un charco de sangre, a la policía y los sanitarios junto al ladrón y, al fondo aún en el coche, a su familia, sana y salvo. En la cocina, mientras tanto un agente se detiene ante el portátil y le sonríe a la cámara web.