domingo, 10 de marzo de 2013

La puerta.


El cuchillo se mueve ágil y preciso en manos de Tania. Mientras comienza a cortar las verduras, un familiar sonido desde su portátil, colocado sobre un lateral de la encimera, le informa que la videoconferencia de Skype está lista.
―   Hola, cariño. Acabo de recoger a las chicas del conservatorio.
―   Hola, mamá –gritan al unísono desde el fondo.
―   Hola, preciosas. Vale, ya comienzo a preparar la cena. No me tardéis –y sigue cortando verduras.
―   Tranquila, antes no había mucho tráfico en la radial. Te quiero.

Tania repasa mentalmente el procedimiento y los pasos para el nuevo plato que se ha bajado de internet: las verduras, cortadas; el arroz, cocido; la carne, pendiente. Pone un poco de aceite de oliva en la sartén, dejándolo a fuego lento para ir hasta la entrada y quitar el cerrojo de la inmensa puerta de roble que adorna el tranquilo chalet de sus sueños. Observa por la mirilla y enciende las luces del garaje exterior. “Así no me interrumpirán luego”.

De regreso a la cocina, pasa por el salón y aviva un poco la chimenea. Ya de vuelta, gradúa el calor de la sartén y pone los filetes de ternera dentro. Un chisporroteo le indica que debe bajar un poco más la potencia. Luego, vuelve a su portátil para recordar los pasos que vienen ahora. Mientras examina el texto, un reflejo en la pantalla llama su atención. Se vuelve, pero no ve a nadie. “Demasiadas pelis de terror, Tania.” Continúa mirando el menú. No obstante, vuelve a sentir la presencia aunque esta vez no le ha hecho falta ningún reflejo. Se asoma hasta el pasillo de entrada y descubre a un hombre corpulento con pasamontañas; un temblor le recorre el cuerpo. Durante unos segundos se queda quieta, congelada ante la amenaza, pero con un giro rápido sale corriendo en dirección al dormitorio, mientras grita pidiendo ayuda. El intruso reacciona y la persigue sin poder alcanzarla. Por desgracia para Tania, un segundo intruso aparece en la puerta del dormitorio, cortándole el paso; sin tiempo a reaccionar le da un puñetazo tal y como va. El derechazo coge desprevenido al extraño, pero no lo suficiente para tirarlo y como respuesta, una patada en el estómago la despide hacia atrás un par de metros, donde el primer intruso la coge por el pelo, arrastrándola por el pasillo hasta el dormitorio.

Los agresores no le preguntan nada. Sencillamente la ponen sobre la cama y comienzan a darle golpes en la cara y el estómago. Después de unos cuantos, el hombre alto y delgado, le indica que solo quieren el dinero y las joyas y que cuanto antes lo tengan, antes acabará todo y vuelve a pegarle otro puñetazo en el estómago. Su compañero levanta un poco la cabeza, husmea el aire y sale en dirección a la cocina para apagar el fuego de la sartén, regresando con el cuchillo de la carne. Al final, Tania termina por decirle la ubicación y la contraseña de la caja fuerte. Ambos hombres se hablan en un idioma extranjero y mientras el agresor alto sale en busca del dinero, el otro, más corpulento y obeso, se queda vigilándola sentado en la cama de matrimonio, palpandole el pantalón.

Al cabo de dos minutos, el ladrón regresa encontrándose con que su compañero ha estado aprovechando el tiempo a su manera. Tania, está llorando sobre la cama, sin fuerza para oponerse más a su opresor.
―   Déjala. No hay tiempo para eso. Ya te follarás una puta luego –recomienda el ladrón en su idioma.
―   De eso nada. Siempre hay tiempo. Dame un par de minutos, venga –Le da un puñetazo en la mandíbula a la mujer.
―   Ok, solo un par de minutos –Suelta la bolsa y se pasea mirando las fotos del tocador-. Tienes unas hijas muy lindas ¿Qué edad tienen? -pregunta en castellano.
―   ¡Cóño, cállate! Que no me concentro –se cabrea el violador

No acaba de terminar la frase cuando una luz muy potente y un ruido de ruedas sobre gravilla atraviesan la casa. Tania intenta zafarse pero un fuerte tirón de su pelo la deja como estaba. Los dos hombres susurran algo en su idioma. El largo sale en dirección a la puerta de entrada, agazapado, con una pistola en la mano para esconderse detrás de la enorme puerta de entrada. El segundo le susurra al odio: “Hoy habrá postre...” y le lame la oreja.

El ladrón espera. Unas llaves suenan débilmente y la puerta comienza a abrirse, lento al principio, hasta que de pronto se termina con una potencia que pilla por sorpresa al ocultado. El golpe es tan fuerte que lo deja semiinconsciente en el suelo. El violador, que no espera ese sonido, se agacha junto a la puerta y cuchillo en mano, asoma la cabeza. Su sorpresa se refleja en la cara al verse de frente y a pocos metros, con dos agentes completamente armados que le apuntan con las miras laser de sus fusiles de asalto.

Tania sigue moviendo sus puños y por fin consigue zafarse. Aún desorientada por los golpes, se arrastra hasta los pies de la cama y de una patada empuja al violador que, perdiendo el equilibrio, cae hacia los agentes. Los policías, no dudan en abrir fuego contra la amenaza que se les viene encima.

El tiroteo apenas dura un segundo. El estruendo deja lugar a la confusión y policías y sanitarios entran corriendo en la casa. Tania, sentada al pie de la cama, se asoma por el pasillo para ver a su agresor en un charco de sangre, a la policía y los sanitarios junto al ladrón y, al fondo aún en el coche, a su familia, sana y salvo. En la cocina, mientras tanto un agente se detiene ante el portátil y le sonríe a la cámara web.

2 comentarios:

  1. me ha gustado mucho. Hay suspense, me veo perfectamente en la acción y el desenlace genial. Al final, los ordenadores salvan vidas¡¡¡¡

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  2. Dani, como no te he visto para hablar de este relato he borrado el comentario breve y te hago uno mas extenso.
    Dios, que acción más trepidante has conseguido en este relato! En tan pocos párrafos has metido una cantidad de detalles y de movimientos que dejas al lector casi sin aire.
    Hay mucho suspense con el detalle de la puerta abierta. El resultado es buenísimo. Y por poner un pero diría que no entiendo de qué se zafa la mujer si el intruso se escondió detrás de la puerta.
    Enhorabuena

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