martes, 9 de abril de 2013

Desde el tejado.



Si subes conmigo al tejado,
de la casa de campo de los sueños
que de niños fraguábamos al horno,
te propongo tocar el cielo
sin más promesas que el presente
que la luna regala a tus ojos esta noche,
que la vista del viejo puente
centinela del río que no existe
y que tanto mojó tus pies desnudos.
Contabas la edad para irte al ruido
de altavoces, pastillas y alcohol.
La noche del invierno fue tu peor infierno,
con la virginidad perdida
prometiste olvidarlo todo.
Ven conmigo al recodo
quizá llegue allí el viento
que en sus alas llevó el primer poema
que puse en el silencio que tu oído
tanto anhelaba.
Ven conmigo al tejado de nuestra casa antigua
renueva la visión del mundo exigua
en la teja que fue testigo de nuestro primer beso

2 comentarios:

  1. ¡Cuántos besos anidan en los tejados, a la espera de Subir al cielo!
    Sigue escribiendo en tu estilo y olvídate de experimentos. Me ha encantado!

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    1. ¡Trato hecho!

      Si los tejados de las casas rurales de la infancia hablaran o escribieran, habría muchos más libros ocupando las estanterías. Estoy convencido de ello.

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