lunes, 29 de abril de 2013

Misia



Tiene la oreja izquierda mutilada.

Le gusta  morder y tirarme de los cordones de las zapatillas. Se mueve  tan despacio y tan exacta que ya quisiera para mí esa flexibilidad.
Ahora que la conozco bien, después de tres años de convivencia, distingo todos sus maullidos. "Miiu" equivale a " Croquetas de salmón". Si hace: "Miauu", es que quiere que le abra la puerta.
Cuando le acaricio suavemente el pelo sedoso de la garganta, emite un ronroneo ligero que gradualmente aumentará de intensidad si sigo mucho tiempo.
Sus mordiscos son suaves y precisos, más suaves que los besos aquellos  de Pier Paolo en mi nuca.

Hubo otro antes que ella. Cuerpo menudo flotando en el agua. Guantes de plástico para no sentir. De prisa en una bolsa y corriendo hacia el contenedor. Un villancico en el aire y la gente comprando apresurada.

Al volver a casa busqué las llaves pero me di cuenta que salí sin ellas. Hacía frío, sin móvil y sin saber que hacer. Entré en el Corte Inglés, me senté en un sofá de preciorebajado, aun así demasiado caro. No podía pensar. Seguía viéndole sobre el agua. No tendré más mascotas.

Al principio, cuando llegaste, no te quise, Misia. Estaba viendo Los Soprano. A pesar de tus insistentes maullidos no te abrí la puerta y en cambio subí el volumen del televisor.
Pier Paolo ya no estaba, se había marchado la noche antes. Se olvidó su colonia en el baño y yo al ver el frasco me sentí triste. A él le gustaba que el after shave se lo pusiera yo. Aspiré ese aroma, derramé parte en el suelo, toda la casa hablándome de él.

Entonces tenía yo el pelo muy corto y caoba,  a él le gustaba pasar la mano por mi cabeza y sentir el cabello tieso. Yo ronroneaba.

1 comentario:

  1. Misia vive ya entre nosotros Mina¡¡
    Es un relato muy delicado y dulce.

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