jueves, 4 de abril de 2013



Me faltaba aire

En el pequeño estudio de cuarenta y siete metros Nerea ya no se siente a gusto. El aire le resulta pesado... y respira con dificultad. Las orquídeas han perdido hace tiempo su acostumbrado esplendor y ahora se niegan a producir nuevos brotes.

Ella recuerda cuando lo alquilaron hace solo dos años, con cuanta ilusión lo decoraron... Entonces los pocos metros le parecían perfectos, más íntimos, una forma de estar más juntos y unidos.

Las escasas estanterías quedaron rápidamente repletas, abarrotadas con los libros y CD de Andrés. Ella por fin había logrado reducir al mínimo sus pertenecías: tres libros, cuatro CD y dos cuadros. Lo de la ropa todavía no lo había conseguido en su totalidad, pero comparándolo con el pasado, era todo un éxito. En una maleta cabría todo.

Las orquídeas siguen sin  crecer. El aire es cada vez más denso y escaso.
El difusor con aroma de jardín oriental ya no produce ese olor cargado de sensualidad y misterio.
 Nerea respira cada día con más dificultad en ese minúsculo y opresivo espacio.

- Andrés, tenemos que hablar.

- ¿De nuevo  el ahogo y la insatisfacción?

-  Esta rutina  me roba  toda la vitalidad.

Andrés, como siempre, parece estar en otra parte y no contesta.

Nerea ha tomado la decisión. Saca del altillo su Sansonite plateada, va depositando las prendas con una aparente  y ensayada calma. Aun así, un leve temblor recorre su mano derecha, mantiene los labios apretados, frunce la nariz y le vibran las aletas nasales. Pero Andrés parece no darse cuenta, está como de costumbre ensimismado o le falta valor para asumir otro fracaso.

- Nerea, ¿estás segura?
- Lo estoy Andrés, llevo meses ahogándome en estos escasos  metros...

- ¿No te llevas las orquídeas?
- No, haz con ellas lo que quieras. 

Al salir  y cerrar la pesada puerta  del estudio tras ella, Nerea, por fin al aire libre, respira profundamente.  Piensa que al exterior el soplo es diferente, ya lo nota y la sensación de ahogo es cada vez más leve.

- Me faltaba aire. -Lo dice en voz alta, aun sabiendo que Andrés ya no puede oírla.

8 comentarios:

  1. Magnífico relato, Mina, me ha encantado! Un saludo!

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    1. Gracias,Alberto.Nos vemos el lunes por la tarde.

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  2. Mina, has descrito perfectamente la rutina que devora el asombro de lo nuevo cuando el egoísmo de una de las partes no es medido y acaba imponiéndose. Con el gesto único de los libros y los CDs de Andrés ocupándolo todo, ya veo como es el resto de la relación. Y el desenlace era inevitable.

    Estar solo y sentirse solo es triste. Estar acompañado y sentirse solo, más triste todavía ^_^.

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    1. Juanjo, agradezco tus comentarios.
      Un abrazo fuerte.

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    2. Es que la soledad en pareja es un infierno consentido, como dice Houellebecq.
      Me ha gustado el relato porque se masca la tensión en el ambiente.
      Nos vemos pronto!

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  3. Aunque este relato ya te lo comenté hace unos meses, como ahora lo publicas en este blog te lo comento una vez más: es muy intimista y refleja mucho tu estilo tan lírico y del detalle. Felicidades.

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  4. Mina, me imagino que este es el que me comentabas el otro día.
    Te hace sentir, te hace padecer y también te libera con el final.

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