viernes, 28 de junio de 2013

Et eramus natura filii erae

"Et eramus natura filii erae..."

Mas creerás mi lengua perdida en qué lejanía
o mundo absorto, tal si no estuviera -y estoy-
en esto o aquello, lo de siempre o muchas veces:
escribir lo que luego el olvido va borrando.

Compañero, los poetas mentimos demasiado,
donde república platónica nos exilia
-quiero decir, la tierra soñada no es hogar
para nosotros- y nadie nos extraña acaso.

Todo puede entrelazarse tristemente en pena,
sentirnos las heridas universal y nuestras
como si todos ya conociesen su quebranto,

en donde si pasáramos próximos al mundo
afirmaran con su indiferencia "también yo",
pues los amo como me amo, como a mí no me aman.


Guirnalda (escrito por Concha García)

Guirnalda entretejida de silencios y palabras,
dispuesta en la celosía que ventila el alma.
Envanecida decora rincones escondidos,
suspiran los tallos ante vientos y remolinos.

Quisiera fijarte con brotes en mi tierra,
Y crear simbiosis de geranios, jazmines y palmeras.
Lucho con yedras que ahogan y engalanan
Con raíces de yucas que alimentan,
Con floraciones tardías y tempranas.
Quisiera solo primaveras, enraizo en otoños de esperas.

Guirnalda entretejida de silencios y palabras
Dispuesta en la celosía que ventila el alma.
Brotan enredando suspiros dormidos,
Alentando palabras al corazón enmudecido.


*Aclaración: Este poema lo has escrito mi amiga Concha García Benitez, marbellí (que no marbellera), ella es escritora como nosotros y amante de su ciudad, y nos pide que la dejemos publicar en nuestro blog, a mi me parece que lo que escribe Concha (también relatos) le da lustre a nuestro espacio y no hace sino enriquecernos. Saludos, José María

domingo, 23 de junio de 2013

PLENITUD

Tengo un jardín lleno de pájaros
y una ciudad llena de amigos.
Tengo un aire lleno de aromas 
y una montaña llena de flores.
Tengo una familia llena de sonrisas
y un mar lleno de olas.
Tengo un perro lleno de bondad
y un cielo lleno de estrellas.

Sí, coño, tienes razón, también 
tengo una vida llena de deudas,
un ordenador lleno de virus
y una piscina llena de niños gritando,
pero, por favor, no me amargues el día.

sábado, 22 de junio de 2013

Yo decido el final.




A simple vista se podría decir que se relaja con el primer cigarrillo de la mañana, pero la verdad es que ha pasado la noche sin poder dormir. El calor nocturno y un opresivo y obsesivo pensamiento han mantenido inquieto su sueño. Ahora ya solo quedan un solitario vaso de whisky descansando sobre el alfeizar y el pegajoso calor de junio, que el viejo ventilador no llega a eliminar. Saborea la amarga nicotina mientras en su cabeza late la última frase de Frank: “Me voy, porque te quiero tanto que no puedo vivir con alguien de quién me avergüenzo”. Su mente se afila, la ciudad desaparece. Solo queda el ronroneo grave, pesado, lento, del ventilador.

¾     Hipócrita –escupe suavemente y le da otra bocanada al cigarrillo-. Eso no se lo traga nadie–y tira la colilla por la ventana.

Observa como cae por el vacío, consumida; “un despojo de lo que fue y que nadie deseará nunca más”. Coge el paquete y enciende un cigarrillo. “Necesito otra copa”. Se levanta pesadamente y rebusca entre la ropa de la noche anterior una bolsa de papel de la que saca una botella medio vacía de whisky. “Ah, Dios existe y aún me quiere”, y bebe directamente un trago largo de regreso a la ventana. Abajo se escucha un choque de coches, seguido de un tumulto de personas. Disfruta del espectáculo desde su palco. Los actores se mueven incesantes, entran y salen, policías, médicos, señoras con niños que solo buscan su minuto de gloria… o quizás busquen una alternativa a sus patéticas y anodinas vidas. Y en medio de esta vorágine urbana perfumada de gasolina, un pensamiento ilumina su adormecida consciencia.

¾     ¡Claro! Todo ha sido un sueño. Frank no se ha ido.

Tira el medio cigarrillo por la ventana y se agacha para ordenar los papeles que tiene desparramados por el suelo. Ansiosa, busca el que hará que todo vuelva a ser como debe ser y entonces… una explosión que la tira al suelo.

¾     Ahí estas, jodida página. Ven con mami.

Alza la página, como si de la ubicación del Santo Grial se tratara, y la mete en el rodillo de la máquina de escribir. Tacha la última frase y escribe golpeando con determinación:”Por suerte para ella, todo había sido un sueño desagradable, porque a su lado seguía Frank, mirándola a los ojos y diciéndole lo guapa que estaba.

FIN.”




viernes, 21 de junio de 2013

Algarabía en el desierto

Erase una vez un Badawí rubio, de la antigua Hamada de la Granática, supuesto amante de la poesía y los cuentos, de la elocuencia y la semántica, un tuareg sin turbante, pero con tribu y harén, con camellos y hasta con media luna colgante.

Y érase que montó una jaima sin desierto, igual que un descanso sin sombra, un caravasar sin duna, que se instaló un atardecer en una colina romántica.

Unas telas ocres cubrían un cielo boquiabierto, en lo que parecía ser una puesta de cuento, y como en todos los cuentos la tarde enmudeció lentamente, igual que avanza la arena con el viento. Cuando se alzó la noche ya estaba reunida la gente de asombro, y con todas las estrellas brillando apareció el gran Badawí rubio, con su mirada azul y su halcón al hombro.

Revoloteó el bicho a contraluz de los presentes, llenando la tienda de quieta magia. Nadie sabía a qué venía, ni quién presintiera todo lo que sabía, por ser un beduino inescrutable, porque ya antes de empezar era tal la algarabía, que se corrió la voz de que quería hacernos soñar con la historia de otro momento, de un extraño lugar ausente.

El solitario soñador se tocó la barba en señal de felicidad, y empezó a relatar y hacer aspavientos, hasta quedarse sin aire porque no pudo abarcar todo lo que tenía dentro. Habló y habló, de la ausencia de enemigos, del riesgo del artista, de la escritura contra nadie, de las noches sin tormenta, de los capítulos pares e impares, incluso de los relatos que avanzan lentos como una duna con mucho aire.

Embobó a una tribu ya atribulada, y nos acabó convenciendo de que soñando se vive, de que los durmientes solo destilan realidades, y que solo sueñan los seres del desierto, los que permanecen alerta y despiertos, y que por eso mismo quiere a su gente con los ojos grandes.

Y para demostrar sus descubrimientos, a la luz de una luna que ya flotaba como una sombra sobre la jaima inmensa, el de la mirada bruma tiró unos dirhams sobre la alfombra, y ante la incredulidad de sus seguidores amenazó, a todo aquel que se atreviera a soñar con el dinero, con una eterna existencia, de olvidos y anomias, de pura ataraxia y vida aparente, envuelta por el tedio de calimas y nieblas.

Porque el metal solo compra poder, pero no sueños, y qué sería del mundo sin espejismos de palmeras, sin noches de brisa fresca, y cómo avanzaría la caravana sin el poder del sueño.

Súbitamente, tres miserables que se escondían entre bultos se lanzaron a por las monedas y, ante el asombro de la tribu y la plácida sonrisa del gran Badawí de la antigua Hamada de la Granática, los tres se evaporaron como humo de esencias, quedando en el suelo un charquito, un oscuro sueño, un oasis de agua enigmática.

jueves, 20 de junio de 2013

ENTRE TRENES Y COLMENAS.

Éste es uno de los poemas de los que me siento más orgulloso, espero que lo disfrutéis. Gracias y saludos.

ENTRE TRENES Y COLMENAS.


I-“Aguijonada espina como verso”

La abeja es una flor con una espina
de escasamente gran letal belleza,
acaso en su labor como asesina.
Mátame, mátame con su tristeza,
mátame en la distancia que destina
todo pétalo a donde todo empieza,
 al verso aguijonado y moribundo
sobre algún labio. Muerto en lo profundo. 


II-"Tren hacia precipicio y distancia"

España es perdición entre badenes,
sentirse carcelera en cada paso;
la ignorancia oprime entre sus trenes
luchas, vuelos, de algún amor escaso.
Yo quiero que descarrilada truenes,
patria, de libertad y del acaso
tu rayo primerizo. Que me encuentre
sin más rumbo o billete que tu vientre. 

III- "Carta de un niño guerrillero"

Será revolución tu "post-office",
tu matasello sobre la ignorancia;
todo va bien se sella, ay, se dice
para - como mentiras de la infancia,
quimérica obra- nada cicatrice;
y sus tren nos consuma de distancia.
Que no se pierdan cartas de aquel niño,
sin más puño y letra que tu cariño.


IV- "La adicta derrota sobre el héroe"

Cuando en tu beso opáceo* te vienes,
ay, en materia del cuchillo acaso,
ay, en néctar doliente sobre sienes
-abeja carcelera de fracaso-,
en las alturas de tus labios tienes
al amor ignorante: muerto y raso,
resonando tu adicta aguijonada.
Choque, misterio, espejismo, nada.

opáceo: no existe esta palabra, es una invención mía entre opiáceo y opaco, donde con el primero transmite esa adicción, alude a lo adictivo, y con opaco alude a lo material, aquello que consta de materia voluminosa como para no traspasar la luz.

V- "la vid de tu hambruna"
Yo estuve aquí, España, sobre el suelo
que de nada rezuma -sí, de nada-,
en este parque -ay- en este anhelo
de ti misma. Y tan abandonada
en tu tacto a cadáver terciopelo,
muerte silvestre, en ti misma enterrada;
sin más prado ni voz desoladora
que el hambre y el silencio de quien llora. 


VI- “Abeja de un cupido obscuro”

Una abeja me tiene tan grabado
yo que sé qué panel –corazón- yerto,
de su escaso rugido en el costado,
Con su vuelo hiriendo de concierto
toda miel –toda vena- a cada lado,
y que en su picadura me halle muerto
si de amor o inexistencia rabio,
al más mínimo roce de algún labio.



VII- “Una flor abrirse, solo eso" 

Solo una flor abrirse cautelosa.
Un yo qué sé desconocido nombre
no importa en su danzar suave, porosa;
cada pétalo deja que me asombre
con destello de lenta majestuosa,
hasta el tallo originario del hombre:
la vida, la insignificante vida,
a cualquier aire débil y abatida.

VIII- “Dolor en la despedida”

El tren es una abeja prolongada,
acero sobre herida que consume
nostalgias del adiós en la mirada.
Ay, nostalgias a paso de perfume,
viaje de picadura perfumada
que con distancia húmeda me asume.
Tal vez otra mejilla te recuerde
este cuerpo, esta tierra, llorosa y verde.


IX-“Lanzas de pecar de herida”

De aguijones de nostalgia
edifiqué lanzaderas
con dolorido recuerdo
lanzadas sobre mis penas.
Déjame, por favor, déjame
a la abeja que me acecha
de algún corazón podrido
por lo adictivo del néctar,
y por su dulce veneno:
los pecados de la tierra. 
De aguijones de nostalgia
edifiqué la colmena
para la estación de los trenes
que me pisan como fieras,
que en mi vida no se escapan,
no. Su crimen por mis venas.
Que algún tren al precipicio
siempre, siempre me condena,
con distancia consumiéndome
los pecados de la tierra.


X-“ 

Si esta flor que en mi corazón se enreda
al mismo paso fiel de tu recuerdo,
en mi mente. Mavie, si acaso pueda
-no sé- como una abeja que pierdo,
dolorosa, en mi herida ¿qué me queda
Sino solo una espina al lado izquierdo,
atravesándome con su veneno
Desde el beso al alma con que peno?

ES LA PRIMERA VEZ



Es la primera vez que me sucede esto.

        Yo, que sólo me había asomado a la ventana a fumarme un cigarrillo mientras se hacía el café en la Nespresso, me encuentro con que tengo delante de mí a diez poetas aficionados empeñados en hacer un micro-relato a costa mía.
        Uno de ellos, el que va más rapidillo, ha escrito que si no he podido dormir, que si un whisky, que si qué noche tan calurosa… pues que sepa que he dormido a pierna suelta. Y de calor, nada, me he tenido que echar encima la colcha. En fin, ¡qué imaginación tiene la gente…!

        Ya ha empezado a salir el café, ¡Huumm, que bien huele…!

Los demás todavía no han empezado a escribir su relato, parece que la primavera les ha dejado el coco sin ideas; pues a ver si lo escriben porque ya me ha empezado a picar la curiosidad.
Veo a uno muy alto con poco pelo, chupando el bolígrafo. También están tres chicas rubias y dos morenas. ¡Ah! y uno muy serio que parece argentino. ¿Que por qué sé que es argentino?: me está psicoanalizando…
Hay otro que va en bicicleta con un cuadernito asomando por el bolsillo.
Y luego está el de la coleta, que me mira de una forma muy rara…

Están todos pensativos, como espiándome. ¿Qué carajo estarán cavilando? (Sí, digo “carajo” porque soy venezolana, ¿pasa algo?)

Si yo tuviera que escribir algo sobre mí, ¿qué se me ocurriría? Tal vez podría ser una fulana esperando clientes o una estudiante que se ha pasado toda la noche preparando un examen y se ha tomado un descanso o… ¡Ah, ya sé!: me acabo de beber el vaso de agua (agua, listillo, agua, no whisky) con todas las pastillas para dormir que quedaban en el tubo y estoy esperando que me hagan efecto: ¡sí, eso es!, estoy harta de vivir, mi novio me ha dejado, me han despedido del trabajo, el banco me va a quitar el piso por no pagar la hipoteca….
Bueno, no está mal, se me han ocurrido bastantes cosas.

En fin, creo que ya ha salido todo el café. Me lo voy a tomar y me voy a dar una ducha, en vista de que estos aficionadillos parece que no acaban de arrancar con sus relatos…



                                                                          José Luis Moreno

miércoles, 19 de junio de 2013

OTRO CIELO



 
Saqué despacio un cigarro de mi cajetilla de Pall Mall Light. Lo encendí y con una gran bocanada, aspiré el que sería probablemente mi último cigarrillo en España.

Me acodé a la ventana de mi apartamento,  en un tercer piso de un viejo edificio del Madrid más castizo. Observé la  calle. Olía a goma quemada y tubo de escape, olor que emanaba  del taller mecánico situado en el local bajo del edificio enfrente del mío. Pude contemplar como Juan trabajaba como siempre,  inclinado, con su mono azul,  verificando  la puesta a punto del motor de un viejo Citroën.  Tantos años allí, casi diez en esa misma calle, saludándome siempre con el mismo tono afectuoso y cantarín cuando me veía pasar: “Buenos días Elena”.

Luego alcé la vista al primer piso, donde los geranios rojos de la Señora Josefa,  daban el toque de color  al edificio. En el segundo, justo enfrente del mío, un anciano, por lo que supe luego, viudo desde muy joven y sin hijos Don Gervasio,  daba de comer a un loro que metía y sacaba de su casa a la terraza todas las noches con sumo cuidado.

Y el tercer piso, donde llevaba años viendo a Julián, un estudiante de oposiciones, siempre con la luz encendida hasta altas horas de la noche. A lo largo de estos años, fui aprendiendo las historias de mis vecinos a través de unos y otros y las había hecho mías. Formaban parte ya de mi vida.

Ahora yo dejaría de ser la chica joven a la que veían todos fumarse cigarrillos en la ventana mirando al cielo. Desaparecía en dos días y dejaba todo mi mundo atrás. Un trabajo al otro lado del mundo me hacía abandonarlo todo.

¿Qué verán mis ojos desde una nueva y extraña ventana?, ¿qué color me sonreirá por la mañana en mi  nueva vida cuando cruce el atlántico?  ¿Qué nuevas historias me acompañarán en mi nuevo destino?

Apagué el cigarrillo lentamente esbozando una ligera sonrisa. Corrí la cortina de hilo azul de Ikea  que tanto me gustaba.
Una ventana se cerraba pero, estaba segura,  otra se abriría a un cielo nuevo.


Kika PSolero
Junio 2013

 

 

domingo, 16 de junio de 2013

Avaricia el verso


II-AVARICIA DEL VERSO:
                [de la sección los pecados de la tierra]
 

Tal vez al borde mismo de lo imaginario
escribiré verso alguno para no sentirme solo,
mas creerás mi lengua perdida en qué lejanía
o mundo absorto, tal si no estuviera -y estoy-
en esto o aquello, lo de siempre o muchas veces,
decirte "el dolor hiere como los aguijones
pero atraviesa como balas cualquier alma,
o que dañan en los fusiles a los amores
y colmenas por cada vida que vibra y matan"
y entrañable ritmo confundirá a propósito
si este verso va libre o con reglas cumpliéndose;
compañero, los poetas mentimos demasiado,
donde república platónica nos exilia
-quiero decir, la tierra soñada no es hogar
para nosotros- y nadie nos extraña acaso,
aunque si te dijera por qué fue tanto el precio
y que el amor fue precio y que la entrega fue precio
y la vida entera fue insuficiente precio,
que me quedé con monedas algunas y escasas
para un lápiz, un cuaderno, nada más, solo eso,
pero deliro en la pérdida de mi existencia,
perdóname; pues aún no he escrito ese verso
promulgado también por ello digo "perdóname",
también por saber qué se siente en cualquier desgracia,
qué muñón tiene un alma si amor se le desmiembra;
todo puede entrelazarse tristemente en pena,
que aguijones me sugieran a espinas y dientes
y compare abejas con fieras, dolor o flores,
sentirnos las heridas universal y nuestras
como si todos ya conociesen sus quebrantos
en donde si pasáramos próximos al mundo
afirmaran con su indiferencia "también yo",
si se mienten o sinceran en -y con- nosotros
no lo sé pero todo tiene algún fin cercano,
el ser humano está condenado a extinguirse
-a sí mismo- por eso no vivo en esperanza
y los amo como me amo, como a mí no me aman,
mas dejaré propina ninguna por el café,
pagándolo con sangre y el verso prometido,
aunque si te dijera por qué fue tanto el precio
y el aullido de mi cartera vacía, hambrienta,
que busca el verso que guarde a Dios en su secreto,
bajo mi bolsillo, ay, valiendo alguna pena
no encontrarme capaz de decir cuanto quisiera.

jueves, 13 de junio de 2013

LOS PECADOS DE LA TIERRA


LOS PECADOS DE LA TIERRA:

Acaso ya nacieras pecando con el llanto,
pronunciándote en el oficio de cualquier hombre,
que de curva y abatida a toda tierra o hembra,
toda madre, desvives mortalmente despacio.
Pues la vida es devastación en nuestros errores,
créete bendecido por la gloria del fracaso.
Ay, solo somos -eres- polvo en su debatirse,
hoja luchando en su gravitatoria quimera:
no llegar al suelo, que el suelo es raso entierro
y la memoria -el recuerdo aleteante tuyo
o mío o el del otro- inútil algo nos detiene
como un eco que cederá más tarde o temprano,
será justicia de los dioses si nos envidian
lo que en cualquier vida es su principio y es su fin,
pero nada importa si nada mereció pena
alguna. Lo vital tras todo, es haber vivido.

Si mortal el beso, que inmortal sea la palabra.
Si condena cualquiera -para cualquiera o nadie-
ser libre sin haberlo elegido, entonces quédese
"que condena es el verso en su triste sepultura,
yo lo retuve en mí con su amor y su veneno:
escribir lo que luego el olvido va borrando".
Mas seas de otra madera y madre te siento hermano,
como yo convives los pecados de la tierra
y sus ofrendas. Como yo, también has nacido.
Si la muerte se cree Aquiles invulnerable,
no entiende que el dolor nos hiere con misma flecha
-seguro que anhelará como cualquier ser humano,
que aguijones a todos nos atraviesan-. Son
regalo maldito los pecados de la tierra.
Avaricia. Gula. Lujuria. Ira. Envidia.
Soberbia. Pereza. Hasta Dios fue pecado.
Yo los retuve en mí con su amor y su veneno.

 
Esto es una sección temática de unos poemas que tengo escritos, este poema engloba los demás y da sentido al nombre que además de ser el titulo del mismo poema lo es de dicha sección.
Espero que os gusten, gracias.