viernes, 12 de julio de 2013

EL PORTON DE MI CASO




EL PORTON

Lo último que recuerdo antes de desmayarme fue la puerta. Una puerta de madera, desvencijada, cansada de ver pasar el tiempo, con unas tachuelas que adornaban el portón como los botones de un traje ya viejo y oxidado. Pero revestida de dibujos, de signos de colores, de grafitis hechos en noches de luna llena por  jóvenes artistas callejeros.

 Algo desconocido me esperaba cuando cruzara su umbral.  Mi plan seguía adelante y mi papel  desde hacía un año como infiltrado haciéndome pasar por un drogodependiente, también.

Era noche cerrada y allí había quedado con un camello que iría acompañado por su jefe. Ese, al que llevaba persiguiendo casi un año. Le llamaban "El manco", pues le faltaban dos dedos de su mano derecha.  Le iba a proponer una compra de cocaína  importante, para la que el camello no tenía respuesta, por lo que el interlocutor había cambiado. Y eso es lo que él buscaba. Por  lo que esperaba cogerle allí mismo, cuando atravesara esa puerta de arte moderno,  papel en blanco de quejas de adolescentes a veces perdidos.  

Los refuerzos ya estaban avisados. No tardarían en llegar.

Divisé el portón.  Pasé por delante del bar de artistas y escritores “La Polaca" en un pasadizo sombrío a estas horas. Lo toqué. Y sentí una astilla clavándose en mi mano. Tenía una cadena con un candado ya abierto. Con un chirrido a madera inflada y corroída lo abrí con todo el cuidado que pude.  Crucé su umbral y lo único que pude sentir fue un golpe en la cabeza y la oscuridad me envolvió. 

 
Kika PSolero
Junio 2013





2 comentarios:

  1. Buen relato. Como ya te dije, me sigue encantando la frase " tachuelas que adornaban el portón como los botones de un traje ya viejo y oxidado".
    Saludos,

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  2. ¿Fue Azazel el que te golpeó?

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