domingo, 22 de septiembre de 2013

A quién interese, parte 1 de 3.

Buenas compañer@s. Os dejo la primera parte de una historia que, por su extensión, será mejor digerida en varias entregas. Espero que os guste.



Ocurrió durante la primavera de 2044. Hacía mucho frío y el viento estaba azotando la base desde hacía días, sin tregua. La estación en órbita, Mars Observer, había informado de una tormenta descomunal que tendía a convertirse en una de esas de tamaño planetario y todos conocíamos el peligro que conllevaba: aislamiento. Se habían dado casos de tormentas planetarias de un mes que cubrían de arena y polvo todo el planeta, pero estábamos preparados para este tipo de problemas. Un aislamiento de veinte o veinticinco días era un caso que ya habíamos ensayado.

La mañana del 6 de junio (primavera marciana), la estación orbital nos confirmó la mala noticia. Se cortarían los suministros por que la tormenta estaba encima y hacían inviables sus envíos. Nos lo tomaríamos como unas vacaciones resignadas. Sin poder salir al exterior a trabajar, nos encontraríamos durante las próximas semanas de descanso. El frente tormentoso primero nos dejó ciegos. Efectivamente se trataba de una tormenta planetaria que cubría desde el Hellas Planitia hasta el Monte Olimpo y gran parte del hemisferio norte, y no tenía pinta de detenerse. Así que nos dedicamos a hacer limpieza, organizar los materiales y revisar las entradas del complejo. Aunque presurizado, el polvo entraba sin problemas y todos los días se sumaba la limpieza a nuestras tareas cotidianas.

El tercer día empezaron a golpearnos los remolinos, suave al principio, pero que fueron incrementando su fuerza conforme pasaba el tiempo: 80, 120, 160, 220. Al quinto día, la velocidad llegó hasta los 235 km/h y con ella el infierno. Las balizas empezaron a moverse con tanta violencia que dejaron de transmitir información de superficie y la del satélite llegaba rara vez. Una de las balizas chocó contra la protección de la sala de antenas destrozándola y dejándonos sin comunicación con el exterior. Sordos y ciegos estábamos a merced de la tormenta.

Pero lo peor llegó luego. Algunos comenzaron a ponerse nerviosos y al octavo día, otra baliza o lo que fuese, porque ya no lo podíamos saber, chocó contra la sala del generador; la protección vibró y los sensores dieron la voz de alarma. El grupo de ingenieros de mantenimiento salió disparado hacia la zona del hangar, descubriendo con preocupación que el compartimento del generador tenía una brecha que permitía la entrada masiva de polvo y arena, bajando la temperatura a gran velocidad, por lo que el generador fallaría en las próximas horas. Sin poder salir al exterior, la única salida era la reparación desde dentro, lo que obligaba a sellar el hangar para que pudieran abrir la puerta que comunicaba con la sala del generador. Nos pusimos manos a la obra y en poco tiempo todo estaba listo para la operación. Dejamos a los ingenieros, vestidos con los trajes de exploración, dentro del hangar sellado y atados a los anclajes de seguridad. La puerta del generador se abrió y el diferencial de presión los empujó hacia la habitación. Poco a poco, el polvo comenzó a oscurecer el ambiente, de modo que después de un rato se hacía difícil verlos por las cámaras de seguridad. La temperatura comenzó a bajar y los materiales del hangar a crujir. Justo cuando llegaban a la brecha y colocaban el mamparo para soldarlo, el generador falló y cayó la iluminación. El grupo de informáticos desapareció de la sala y al rato la iluminación volvió a su nivel normal: habían cerrado algunas secciones, privándolas de energía y oxígeno, y activando el generador auxiliar. Mientras tanto, los ingenieros, a oscuras, seguían con su trabajo aunque no teníamos ni idea de cómo lo harían. Acababan de soldar los cuatro puntos básicos y uno de ellos avisó por radio que soltaba la placa para ayudar en la soldadura. No sabemos si fue por su culpa o por un golpe de viento, pero la placa saltó por los aires aplastando a uno contra el generador. Vimos su rostro aplastado y supimos al instante que, o por el golpe, o por la rotura de su casco, estaba muerto. Al mismo tiempo, los bordes soldados de la placa habían producido la amputación de la mano de otro de los ingenieros, que se agachaba gritando. El que llevaba la soldadora de plasma corrió en su ayuda, resbaló y cayó sobre la carga de gas. La explosión nos cegó, ensordeció y llenó de restos humanos parte del hangar. Todo se había acabado. Estábamos tan callados como el canal abierto de los ingenieros. Solo entonces fuimos conscientes que nuestra situación acababa de dar un giro mortal.

Sin el grupo principal de energía, ni ingenieros, ni siquiera el hangar con la maquinaria, cuyos cristales aparecían algunos dañados, solo quedaba esperar a que nos rescatasen. Éramos náufragos en la superficie de Marte. El miedo saltó en el grupo. Los nerviosos se pusieron estéricos, los inestables nerviosos y todo el día fue una locura, hasta que el comandante de la misión pudo contener al grupo.

Había que sopesar la nueva situación. Teníamos comida, pero el problema era ahora la energía que nos calentaba e iluminaba. Organizamos la base para todas las nuevas circunstancias, cerrando las habitaciones y zonas de trabajo para ahorrar oxigeno y energía, trasladando los colchones al comedor, y así fuimos durmiendo en el suelo todos juntos, bajando la temperatura un poco para ahorrar algo más de energía.

Día 10º
Todos vivimos, comemos y dormimos juntos, lo que comienza a generar algunos problemas de convivencia, a pesar que superamos los correspondientes test de psicología y estrés. Esta circunstancia es real y por lo tanto, difícil de manejar. Nadie va a abrir la puerta, encender las luces y decirte que estás fuera del proyecto, si algo va mal. Aquí, si abres la puerta te congelas en un minuto.

continuará ...


4 comentarios:

  1. Me interesa, me interesa, ya estoy esperando la segunda parte

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  2. Daniel: me ha gustado mucho este relato por su detallismo, es muy realista e intenso en la acción. Gracias por publicarlo. Un abrazo

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  3. Gracias, compañeros, por vuestro interés. Os dejo la segunda entrega.

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  4. Que historia mas inquietante, me gusta la forma de contarla por días y es muy visual.

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