jueves, 5 de septiembre de 2013

EL SECRETO

Acechaba en la esquina de la calle frotándose las manos. La nieve había dejado de caer hacía un rato.  Se puso  unos guantes de piel de cabrito. El cartel en forma de libro indicando el nombre de la antigua  librería “El Soneto,  se balanceaba arrancando un ligero gemido a las cadenas que lo sujetaban. Sus colores en oro y plata centelleaban al sol invernal.
Entonces le vio. El nuevo propietario y heredero, salía de la tienda con paso renqueante. La campanita de la entrada le despidió  con un alegre tintineo cuando cerró la puerta tras de sí.
Arrastraba su bastón de forma extraña, sin encontrar todavía el apoyo necesario para calmar el dolor de su pierna rota. Todavía podía oír el ruido de huesos rotos  cuando le estrelló con todas sus fuerzas la barra de hierro en la rodilla. Cubría su cuello con un gran foulard a cuadros escoceses y llevaba gafas oscuras, todo ello imaginaba, para disimular las señales que pudieran quedarle de la reyerta del otro día.
Era su turno. Salió de su rincón. Se deslizó y entró por la parte de atrás, la del almacén. Era su última oportunidad. T Debía encontrarlo. Ya había registrado casi toda la tienda antes de que el nuevo propietario le pillara con las manos en la masa. Pudo escapar gracias a la barra de una tubería rota que apareció en una esquina y que le sirvió para parar en  seco a su oponente.  Solo le faltó mirar en la estantería de los libros de “Viajes de ensueño”. Era una balda solo,  con gruesos libros. Se había fijado.  No emplearía mucho tiempo.
Sacó la copia de la llave que hizo. La introdujo en la cerradura esperando que el anti óxido hubiera hecho su trabajo. Se ajustó a la cerradura como un guante.
Estaba oscuro. La luz de la tienda llegaba a intervalos  dependiendo de los caprichosos deseos del sol. Agazapado,  entró en la tienda. No se oía nada. El cartel de cerrado estaba puesto. Se incorporó con tranquilidad.

Buscó la balda. Sacó el primer tomo, revisó bien todas sus hojas. Y el segundo, el tercero y así sucesivamente. Nada. Solo quedaba un pequeño y grueso libro de viajes. La piel de cuero de su portada estaba cubierta por una ligera capa de grasa. Las esquinas dobladas y despellejadas. El título: “Viaje por España” por Baron Charles Davillier. Ediciones Castilla. 1957. Pasó las primeras hojas con cuidado. El papel era suave y muy ligero. Sus bordes rosas, creaban un extraño contraste en el canto del libro. La letra, pequeña. Unas curiosas ilustraciones a plumilla se abrían a doble página en cada capítulo, recordando tumbas ilustres y bailes regionales. Con cuidado pasó las páginas, lo sacudió con delicadeza  y, como la hoja de un árbol en otoño, un documento doblado en cuatro y amarilleado por el tiempo, cayó al suelo.
Su corazón se aceleró. Lo había encontrado. Su madre antes de morir,  le dijo que si buscaba, hallaría una respuesta. Ella siempre había llevado al viejo dueño en el corazón a pesar de que la había abandonado a su suerte cuando le anunció su futura maternidad. Luego él murió y ella quiso seguirle también en la distancia.
Miró de nuevo el documento. Era su partida legal de nacimiento, la verdadera. Se guardó el papel con dedos temblorosos y salió dejando atrás sus años de penurias y desvelos.
KIKA PSolero
Septiembre 2013
 

2 comentarios:

  1. Me gusta Kika, aunque vea un montón de frases cortas y secas. Me resulta más ameno cuando hilas varias consecutivas, alargando la acción lo justo para que su sabor se asiente. Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tu comentario, lo tendré en cuenta, siento no haberte contestado antes, pues he estado fuera de Marbella. un saludo

    ResponderEliminar