martes, 29 de octubre de 2013

TRES METROS


 Su cuerpo se puso en movimiento sin entender cómo sus piernas le obedecían. Quedaban unos tres metros.  La mochila prestada le quemaba en la espalda y a su nuca estaban llegando gotas de sudor temerosas de ser vistas.  El flequillo cortado al estilo de Katie Holme su actriz favorita se le pegaba a la frente como una cortina mojada. Una larga y gruesa trenza le rozaba el final de la espalda.

La mente se aferraba al recuerdo de Mario, a esas noches de pasión en el bungalow de una playa paradisiaca y a esa promesa hecha entre olor a marihuana y sabanas revueltas.

Dos metros ya.  Trataba de sonreír pero casi no podía mover la cara.  Sentía que una parálisis facial le iba a llegar en cualquier momento debido al brutal estrés al que estaba sometida.

Domínate, se dijo. No queda nada. Tranquila. Eres una chica joven, normal, que vuelve a su país después de unas largas vacaciones en Tailandia visitando ruinas,  templos milenarios y la playa de Ao Nang.

Un metro. Comenzó a quitarse el cinturón de tachuelas regalo de su madre estas navidades. Las Adidas rosas y blancas le pesaban como si llevara colgando dos bolas de plomo. Se quitó la mochila y la colocó junto al reloj y el cinturón en una bandeja. También dejó la blackberry y el colgante con una cruz de oro que llevaba al cuello. Llegó el momento crucial. Miró al agente que le indicaba que avanzara. Sus pertenencias entraban ya por el escáner. Su corazón casi dejó de latir. Pasó el arco del control de metales  y… nada le detuvo. No sonó ni ocurrió nada. Recogió su bandeja y casi sonrió al pasar junto al agente  sintiendo como los músculos de la cara se le relajaban al fin.

Se colocó de nuevo la mochila a la espalda.  Con paso tranquilo se acercó a las mesas donde se deposita la bandeja y allí, sin mirar  atrás, se puso el colgante y el cinturón con dedos temblorosos  y avanzó despacio hacía la salida, hacía un futuro nuevo.

Mario le estaría esperando. Un ligero temblor le sacudió el cuerpo. ¿Qué sería lo siguiente?  Se quitó ese pensamiento negativo de la cabeza. Estarían juntos  ¿Pero por cuánto tiempo? ¿Qué otros favores debería realizar para él? Ya había traspasado  la línea roja. Su vida ya nunca sería la misma pero sabía que siempre le acompañaría la suerte. ¿Siempre? Volvió a espantar esos pensamientos y salió a la luz del día.

Se tocó la cabeza.  Oculta bajo esa peluca con un flequillo a lo katie Holmes y una pesada trenza, estaba la cocaína.

 

KIKA PS OCTUBRE 2013

3 comentarios:

  1. Super bien descrito. Todos hemos pasado por una situación similar...

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  2. La experiencia nos dice que en estos casos, la suerte es efímera. La forma del texto y la belleza de la escritura, perenne.

    ¡Enhorabuena!

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  3. Buenas, Kika. Me gusta el pasaje. Has creado una tensión que no ha caído hasta el final. Me gusta.

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