lunes, 25 de noviembre de 2013

PLAGIO CREATIVO

Así comenzaría yo El Quijote

Fui a visitar a mi amigo Alonso, que vive en un viejo caserón de un pueblo de Albacete. Nos conocimos tras varios años de convivencia en el manicomio de Cien Pozuelos y hemos conservado fielmente nuestra amistad. Aunque yo me he curado y ya sé que no soy Napoleón, él sigue empeñado en creerse un caballero andante y se pasa el día embutido en una coraza y un casco de hojalata que le compró a un falso anticuario de Toledo, mientras escribe lo que él llama correrías por los campos de Castilla desfaciendo entuertos y en pos de arreboladas damas que asegura están por sus huesos.
Me convidó a un grueso vino de la tierra, acompañado de unos torreznos rancios y duros como piedras que le di a escondidas al perro escuálido que le acompaña, “galgo” le llama él y de galgo solo tiene el hocico afilado por el hambre. Lo pasamos muy bien.

Cuando nos despedimos, el perro, agradecido, me mordió un tobillo.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Déjame sin aliento

Déjame sin aliento
con el violento sol de tu mirada.
Eterniza el momento
de tenerte abrazada
en el amanecer de tu almohada

con sueños imposibles.
Déjame sin aliento con tus besos
de flor, irresistibles,
y ábreme los accesos
al portal donde abunden los excesos

del tacto de tu piel.
Déjame sin aliento de futuro,
que el presente es de miel,
que el presente es seguro,
que el presente a tu lado, es un conjuro

de los libros arcanos.
Déjame sin aliento desvestido
cuando esté entre tus manos,
mi corazón herido
se vuelva a sentir recién nacido.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Noche de agosto



Era una noche de agosto. La luna acababa de salir en todo su esplendor inundando los cipreses con una luz tenue y callada. A pesar de la contaminación, unas estrellas tímidas rodeaban la esfera  color membrillo.

 De repente un grito agudo y aterrador surgió del fondo del jardín, cerca del limonero enfermo.

 Todos quedamos enmudecidos, nadie reaccionó, hasta que volvió a  repetirse, esta vez con más intensidad. Entonces el anfitrión se levantó de la mesa con preocupación  y un extraño centelleo en sus pupilas.

 Los demás, los siete invitados y yo, nos quedamos quietos, incómodos... sin articular palabra. El silencio se hizo de repente tan intenso y molesto que yo no pude soportarlo. Me  levanté despacio y fui al cuarto de baño.

Por la diminuta ventana ovalada pude entrever de donde provenían esos lamentos inquietantes. Se trataba de una extraña criatura derrumbada en la hierba... No era un animal, ni tampoco un ser humano, sino una  mezcla insólita de ambos. Parecía estar herida, un hilo encarnado manaba de su único ojo, chorreando sobre un cuerpo deforme y peludo de color lechoso...
 No había mucha luz y quizás  estos recuerdos no sean del todo  exactos, han pasado algunos años de aquello.
Tiré de la cadena varias veces a pesar de no haber utilizado el inodoro, tratando de aparentar normalidad,  la verdad es que me encontraba bastante afectado, y por otro lado no entendía bien el porqué.

No pude terminar la vichyssoise y eso que estaba exquisita.

 Até cabos al recordar unos comentarios del jardinero y aunque en su momento no le presté  mucha atención, ahora vislumbro lo de "Contra natura".

lunes, 18 de noviembre de 2013

Graffitis en una puerta vieja




Fue ver la foto de la vieja puerta color gris azulado y acordarme de aquel libro que compré en una librería de libros usados.  El libro, tapas duras, encuadernación en tela, era una especie de antología o selección de cuentos fantásticos y de ciencia ficción (¿ficción científica?), escritos por varios autores. 
De aquel libro, el cuento o la narración que más recuerdo,  era un fragmento de las Mil y Una Noches, me parece que seleccionado por Borges.  En esa historia, un hombre paseaba de noche por una ciudad desconocida y se encontraba con una puerta grande que le llamó mucho la atención: de dos hojas, como la de la foto.  Lamentablemente, cuando al día siguiente volvió, para verla con mejor luz y hasta a lo mejor animarse a golpear o a directamente tratar de abrirla, no pudo encontrarla.
Si hubiese aquí un psicólogo, cosa que por suerte no sucede, me diría: “recuerda ese cuento porque quizás, como el personaje del cuento, usted también quiso abrir alguna “otra” puerta y algo le pasó que no pudo hacerlo.
Y el tío o la tía, luego de decirte eso, te anuncia: mejor dejamos aquí, te cobra 50 morlacos y a tomar por saco.  ¡Como arruinó la psicología el mundo! Si hasta Tony Soprano hacía terapia.
Y después llegaron los otros, sí, que no sé si no son peores, los que dirigen los talleres literarios, o de escritura creativa: “una puerta, te dicen, es como la página en blanco que nos está esperando para que la abramos y así salga nuestro mundo interior”. “Y recuerden que el cuento, o lo que escriban, debe tener un final sorprendente para el lector”. Y dicho eso, a pagar también.
¿Y cómo se hace para darle un final sorprendente a algo después de mil años de cuentos y de literatura?
¿Qué de nuevo puedo decir yo, acerca de una puerta antigua, cerrada con candado, que guarda un terreno baldío?
¿Y de los graffitis, qué puedo saber yo? ¿Son una firma? ¿Son dibujos? ¿Son una declaración de amor?
¿Cómo puedo escribir algo nuevo yo, si sólo ví una foto? Yo no vi esa puerta, yo nunca caminé por esa calle.
Estoy casi seguro que me confunden con otro.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Ten fuerza.

Llevo en mi piel tatuajes de tus besos,
forma de hadas y poder para llevarme
de la calma a la pena y trastocarme
la fe del corazón que sigue preso

de una historia forjada a contrapeso,
del tiempo que avanzó para retarme
a dejarme marchar y acorralarme
al destino de no salir ileso.

Ten fuerza, corazón, que de esta sales
de su mano o sin ella, será el tiempo
el que te pueda dar esa respuesta.

Ten fuerza, corazón, que de estos males,
nace la fuerza para el contratiempo
por si el amor te gana en otra apuesta.


sábado, 9 de noviembre de 2013

Respirarte.


Me acerco hasta tu cuello y comienzo a respirarte.
Tu aroma natural pierde mi calma,
y no quiero parar
de recorrer la pista hacia el cielo
y llegar a ti.
Eres una adicción tan peligrosa
que el límite no existe ahora
que he aprendido la lección
que nunca he olvidado.
La música de tu estremecimiento
tiene todos los premios del deseo
agudo del acorde
y todas las escalas.
Como creer en lo imposible
es mirarte desnuda de vergüenza,
tu piel acariciando el aire
despierta celos nunca conocidos.
Me acerco hasta tu cuello y comienzo a respirarte.
Como Neruda mira sus ojos oceánicos
yo miro tus ojitos de coral
y mis inspiraciones se aceleran
en la adicción incontrolable
por las hembras del sur
y los jardines cítricos
que se desprende de tu cuello.
Tú, con nombre de frío,
evitas poner leña en el hogar,
cuando la mermelada de manzana
que fabrican tus labios,
alimenta a la desesperación
que se hace tan urgente
como recuperar la calma tras la tormenta.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Iniciación.



Cuando aquella mañana desperté no reconocí el lugar dónde me encontraba, pero aún así tenía la certeza de saber dónde estaba.

Recuerdo que sencillamente me desperté y abrí los ojos, quedándome inmóvil algún tiempo, intentando recordar el dolor de mis heridas, pero nada; ninguna de mis escarificaciones se hacían de notar. Entonces pasó, peregrino, un pensamiento que me desanimó: ¿Y si todo hubiera sido mentira, un sueño? Así que alcé los brazos. No, no había sido un sueño. Seguían estando en su lugar, magníficamente cicatrizadas, recubiertas de una crema transparente, dándole a la piel un tono rosáceo. Inconscientemente bajé la mano hasta mi frente; la última cruz seguía allí, inmóvil y pringosa, pero sin dolor.

Todavía hoy me pregunto si la ausencia de dolor era consecuencia de la magnífica cicatrización o de algún calmante que dejó mi boca pastosa y con sabor a chocolate. Fuera como fuere, seguía vivo y en buen estado, lo cual solo podía significar que lo había conseguido, que ya no habría más pruebas que pasar, ni fe que demostrar. Tras meses de espera y noches sin dormir, por fin había acabado todo. Sentí una tranquilidad que nunca había conocido. Me descubrí pensando en mis compañeros y comprendí que con la última prueba, me había desprendido de mi egoísmo. Me sentí en un plano superior de existencia, como si hubiera soltado un lastre que me impedía respirar.

Comencé a fijarme en los detalles de alrededor: el camisón de lino, las sábanas blancas, el bordado del palio de la cama. Poco a poco, logré sentarme en el borde y poner los pies en el suelo: estaba cálido, pulido, sólido. Intenté levantarme, pero mis piernas no me obedecieron y tuve que esperar a que mi cerebro pudiera volver a conectar sus funciones. Mientras tanto, seguí descubriendo el entorno con nerviosismo e ilusión, cada nuevo detalle, sonido o sentimiento que era capaz de captar: el olor a jazmín de las flores, el maravilloso diseño de las puertas o el sonido de las conversaciones que se colaba por las ventanas. Todo me maravillaba.

Tras un par de minutos pude alzarme y caminar con paso seguro por la habitación. Decidí mirar por la ventana para saber más sobre este lugar: sobre mi cabeza ví una oscura bóveda y a mis pies unas calles cubiertas por telas que ataban unos edificios a otros; de ahí que el ruido viniera contenido. No me importó. Elevado sobre mi miseria anterior, lavada mi sangre obscena, acogido en una nueva familia, dónde no se me juzgaría por mi pasado, sentía renacer toda una nueva vida que aprender; y en mitad de mi reflexión, la alegría impactó con toda su fuerza, obligando a la tensión a huir. Me dejé caer al suelo y lloré como un niño.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

WhatsApp vs guasa.


Yo no quiero tener whatsapp,
porque guasa tengo mucha
y me muevo entre la lucha
para los que estén en casa
con personas a su lado
hablen usando las voces
y se dejen de dar coces
a esa mierda de teclado.
Frente a frente en el sofá,
ni siquiera estando juntos,
sí se mandan los adjuntos
y no dejan de mirar
el mundo en una pantalla
sin colores naturales
pero llegan los mensajes
y con júbilos estallan.
Se declaran por el whatsapp,
todos los adolescentes,
pobrecitos, inocentes,
tomándoselo con guasa.
Yo lo miro con asombro
de que lleguen las respuestas;
sí, dice que le contesta...
esto es algo que no nombro.
Cuando salen ella y él,
después de escribirse "sí"
no se paran de escribir
idioteces a granel,
cada uno a su pantalla
y ahí transcurre la batalla.
¿Recuerdas aquel romance,
qué movió tu corazón
al compás de una canción
y te puso hasta mi alcance?
Yo no alcanzo a imaginar
qué sería de nosotros,
si no viera yo tu rostro
si me tienes que dejar,
y me atrevo a suplicar,
no me dejes por el whatsapp,
no me dejes sin tu guasa.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Virtual

Detrás de una muralla cibernética,
vive una foto hermosa, tan morena,
como el cielo a las doce de la noche.
Su mirada profunda te contagia
la paz imaginaria que no tienes.
La mujer de la foto luce y brilla
color blanco en sus dientes de futuro.
Su verso es la matriz de la empatía,
un segundo extra del amanecer,
que aún conserva pliegos de la noche
que se resiste a terminar
en los números rojos del reloj
con formas todavía desiguales.
Levanto la persiana y hay más luz,
desde el monitor miran ojos negros
junto a versos que aprendo de memoria.
Me hace bien, pero no sé si es real.