jueves, 26 de diciembre de 2013

Rimas del alma

Porque de tu alma han nacido
rimas suaves de mi alma,
quiero poner en mi templo
veinte cirios y una estatua
que tu belleza refleja
y tu pureza engalana.
Impensable pensamiento
el que a mi mente desarma
pues sólo al pensar en ti
todo alumbra con más ganas.
El jazmín vuelve a mi ser,
y hasta las palabras cantan
todo lo bueno que tienes
y esa humildad que te gana.
A kilómetros de ti,
a una infinita distancia
dentro de mi yo te llevo
para librar las batallas
que mi vida me presenta
con palabras, sin espadas.
Y yo seguiré rimando
tus ojos con las palabras
que describen lo perfecto
cuando nace la mañana.
Sé que ahora tú no estás
pero le quito importancia
si la vida así lo quiso,
nuestro mundo no se acaba;
mi tesoro más preciado
debo ganarlo con lágrimas.
Y es tan hermoso quererte
sin barreras y sin vallas,
que si tú no me quisieras
no se perderá la magia,
la que existe entre amigos,
que si quieren, no se acaba.
Pero si estás a mi lado
mi princesa tan soñada,
mi musa sin artificio,
mi luz del sol del alba,
no dejaré de expresar
la belleza que tú emanas.
Debes quedarte conmigo
aunque ya no haya esperanza,
continúa alimentando
a las rimas de mi alma.

domingo, 22 de diciembre de 2013

CUENTO DE NAVIDAD (dedicado a Gurb)

Misión: AX23.252K
Objetivo:  Primera visita a La Tierra.   
planeta 243.586.177 de la Galaxia Bentix. 
Cuadrante 62 en el séptimo nivel del Universo Inferior.
Fecha: 24 de diciembre del año terrestre 2013.
Urbe elegida para el muestreo: Fuengirola.
Informador: Gefiletaxis Andilezord Carballeira.

Informe
Población: Especímenes bípedos de desarrollo vertical con dos brazos. Algunos visten indumentaria de color rojo, llevan un gorro en su única cabeza y una campanilla en una mano llena de dedos.

Vegetación: Árboles de estructura cónica coronados por una estrella, provistos de frutos esféricos, luminiscentes y parpadeantes.

Régimen alimenticio
Comida: Aves descomunales rellenas de basura aleatoria.
Bebida: Recipientes fálicos conteniendo espuma incalificable de origen catalán, con cerramientos superiores destinados a ser estampados en el techo.

Habilidades: Alta capacidad verbal que les posibilita decir “Pamplona” con la boca llena de trozos de pared en polvo.

Música: Composiciones elementales de difícil comprensión. 
Se adjuntan 2 muestras: “Ande, ande, ande, la marimorena”
y  “Ay, del chiquirritín”  


Conclusión: El informador aconseja abandonar rápidamente La Tierra y continuar viaje hacia otro planeta de la Galaxia que nos pueda reportar mayores beneficios.  ¡Hip!

sábado, 21 de diciembre de 2013

Él, blanco

No le gusta asumir riesgos, por eso va siempre de un blanco exquisito. Hoy incluso me humillé para calzarle sus zapatillas de “tierno blanco” (así las llama Él). No me extraña que no entienda de colores, no va más allá del amarillo, y este siempre del mismo tono, fijado hace siglos, el amarillo de los testamentos.

Esta mañana se levantó despacio, todas las mañanas se levanta despacio. Yo Lo levanto despacio. Si no lo despierto yo creo que se quedaría inerte y de cartón en su cama solitaria de dos por dos. O quizá abriría los ojos cuando el sol de las nueve y media atraviesa los ventanales del palacio para llenar todo el vacío y calentar el aire tan viciado. Yo descorro las cortinas de esos ventanales, yo Le lavo esa cara transparente, yo le acerco el crucifijo, yo le hago todo a Él. Y cuando está en pie, limpio, desayunado y rezado, es como un Sol de Medianoche, un Broche de Oro, una Sábana Inmaculada. Todo eso se lo inventa Él, le gusta decírselo a Él mismo. Se lo repite todas las mañanas en mi fría e íntima presencia, magnífica presencia ausente. No se atreve a decirlo al resto del mundo. Algunas tardes, cuando ya ha recibido a todos y rezado todo lo rezable y se tumba agotado de vivir, me murmura muerto: “Hermana, a veces creo que soy la Música del Señor, ¿usted no me ve como el Siervo de la Verdad?, no me mienta, más que humano ¿no parezco la Imagen Viva del Creador?”, entonces cierra la boca derrotado, y yo le miro con pena, y algo de odio, por qué no. Todas las esclavas odiamos un poco. No le contesto, me quedo derrotada a su lado, con los ojos también cerrados y una mueca apenas sugerida atravesada en mi rostro. Un rostro no mirado, que solo mira, a Él. Un rostro olvidado por mí, un rostro de museo cerrado, polvoriento. Pena.

Él es Uno, Todo, la Noche y el Día. Yo no soy más que nada, ni la nada algunos días, siento que ni estoy. Desde mi escritorio veo como oscurece la ciudad al otro lado de la plaza, primero oscurecen ellos del otro lado, al oeste, nuestro palacio oscurece el último, al este. Mis ropas negras ya no se ven. Hay un silencio adictivo aquí dentro y los francotiradores de la noche ya se van situando en las azoteas de la mentira, ahí fuera. Triste.

Le pondré una cena ligera, frugal como la de un ángel. Y se irá a su cama fria.

Él, blanco.

(más sobre Él, antes de Navidad)

jueves, 19 de diciembre de 2013

El minuto más largo.


El escritor se sentó en uno de los dos mullidos sillones, donde le acoplaron el micrófono. En el otro, le esperaba su entrevistador, block y bolígrafo en mano.
   ¿Está listo Sr. Miguélez?
   Sí, gracias, cuando quiera.
   Bien, comenzaremos por su último libro ¿de acuerdo? ―informa al escritor, tras lo cual le hace una señal al cámara. Carraspea-. En su nueva novela trata acerca de la percepción del tiempo en los momentos más críticos. ¿De dónde sacó la idea?
   Se trata de una vivencia personal que saqué de un vuelo donde estuve a punto de morir. La caía del avión fue de apenas un par de minutos, pero a mí me pareció eterna.
   De ahí su título, “el minuto más largo”, ¿no? ¿Se trata entonces de una autobiografía?
   No, no, sencillamente basé a mi personaje y la trama en unos hechos reales ―se acomoda en la silla.
   ¿Qué parte es real y cual es ficción?
   Casi todo es real. Solo he adaptado algunos personajes y situaciones para hacerlos un poco más interesantes; novelescos, si me entiende.
   Entiendo ¿Y qué parte de la novela le ha gustado más?
   Aunque parezca una locura, el minuto de angustia que viví encerrado en esa máquina en caída libre.
   ¿Podría contarnos realmente cómo ocurrió?
   Claro. Se trataba de un vuelo corto entre Seúl y Tokio. En esta zona, el principal problema del tráfico aéreo son los monzones, pero ya había pasado la época, por lo que no había que temer nada. Recuerdo que la mayor parte del viaje estuvo tranquila, casi aburrida, diría yo. No fue hasta comenzar a ver las costas de Japón que el avión entró en una zona de turbulencias. Desde la cabina informaron que se nos venía encima una tormenta y que para no toparnos con ella deberíamos tomar tierra en un aeropuerto cercano. Pero se equivocaron y la tormenta nos alcanzó. Al principio solo eran baches más o menos grandes, pero cuando chocó en condiciones contra nosotros, comenzaron las lluvias y el fuerte viento meció la nave como si fuera un columpio. Fíjese como sería la cosa que yo, que estoy acostumbrado a volar, estuve a punto de vomitar.
   Debió ser muy intensa entonces.
   Sí, bastante. Lo malo llegó al poco tiempo. El comandante anunció que iba a hacer un aterrizaje de emergencia porque no podían seguir en este estado. No acababa de decir la última palabra, cuando miré por mi ventanilla y me di cuenta que el motor derecho dejaba de funcionar; desde entonces solo pido asiento de pasillo. El avión se ladeo, comenzó a virar lentamente y a bajar. Escuché algunos gritos de mujeres y a las azafatas pidiendo que nadie se moviera de su asiento y que nos pusiéramos los cinturones. El viento seguía moviéndonos y la lluvia no ayudaba. El piloto intentaba compensar el avión. De vez en cuando, veía cómo las hélices intentaban arrancar. Aquello parecía una película de miedo: el ruido, los gritos, la lluvia. Justo cuando más bloqueado me sentía, me despertó la caída de las mascarillas de oxigeno. La cosa iba a peor. Nos ordenaron doblarnos y meter la cabeza entre las piernas. Esto calmó un poco los gritos, pero no los llantos. Fue la primera vez que sentí envidia de los creyentes, porque yo no tenía a nadie a quién encomendarme, ni siquiera familia. Seguí en esa posición, con la cabeza a punto de estallarme por la presión, no sé cuánto tiempo, hasta que un ruido conocido se asomó a mi oído: era el motor que volvía a arrancar. Lentamente sentí que nos estabilizábamos, aunque a mi corazón la noticia no le importaba y seguía queriendo salirse por la boca.
   ¿Qué ocurrió al final?
   ¿Usted que cree? El motor funcionó, el piloto estabilizó el avión y logró aterrizar con solo unos cuantos infartos de corazón y ataques de ansiedad.
   ¿Ha vuelto a volar desde entonces?
   Esta misma mañana, pero ahora prefiero dormir durante el vuelo, de este modo, si pasa algo y muero, no me entero.
   Vaya, vaya. Muchas gracias por la entrevista y espero que algún día vuelva a disfrutar del vuelo.

   Gracias a usted ―y se levanta, tras quitarse el micrófono, dejando al periodista acabar sus notas.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Tacheles



Son las cinco de la tarde, ya hace frio y el sol comienza a caer detrás de las torres de cristal azulado del complejo de la Cancillería, haciendo que la última luz del día parezca flotar en una huída lenta sobre los edificios cercanos.

Por fin en Berlín, es doce de mayo de 2011, en hora punta, y los tranvías atestados de gente hacen retumbar el puente sobre el rio Spree en su carrera por la interminable Friedrichstrasse. Unos cruzan los bulevares a regañadientes para morir en el barrio de Kreuzberg hacia el sur, y otros giran al este, vomitando estudiantes en su ruta hacia la desolada Alexander Platz. De colores poco estridentes y aún así extrañamente atractivos, son algo alemanes pensé, un poco ruidosos pero eficientes. Muy alemanes concluyo.

Es mi primera tarde en esta ciudad de vanguardia y alternativa, vital hasta la extenuación, y tengo una cita con alguien a quien ni siquiera conozco, que me enseñará la supuesta avanzadilla en experimentación social, la vanguardia del arte, lo último en la guerra de guerrillas urbanas de Europa.

No tengo tiempo para detenerme en detalles pero es imposible no fijarme en el enjambre de bicicletas oscuras y de estilo retro que recorre los dos sentidos de la avenida, las montan estudiantes en vaqueros y sudaderas, ejecutivos con labtops en bandolera desenganchados de la droga dura de los Audis, jóvenes funcionarias con gafas de pasta y largas gabardinas grises que hacen ondular elegantemente por el frenesí de la avenida. Adelantan a los tranvías, los rodean con descaro, se cruzan con ellos desafiándolos, y solo se detienen forzadas por los semáforos. Y por lo que puedo ver alzándome de puntillas por encima de la multitud, este ejército de bicis engulle cruelmente a los pocos coches que se aventuran por el centro de la ciudad. El solo pensamiento de los angustiados conductores camuflados detrás de las lunas tintadas de esos pesados cacharros tan contaminantes, me hace sonreír.

Acelero el ritmo al cruzar hacia la Oranienburger Strasse, jugándome la vida en un amago de salto entre dos tranvías, un intento inútil de sortear el gentío y el tráfico. El Ampelmänn, ese muñequito de los semáforos que a punto ha estado de desaparecer de no ser por la movilización ciudadana, detiene el tráfico al cambiar a un verde chillón. Su color favorito desde que el nuevo ayuntamiento decidió (por la presión ciudadana) que la calle es para la gente y las bicicletas, y que por tanto el Ampelmänn solo se vestiría de rojo en ocasiones contadas. Su figura anda de forma mecánica como un dibujo animado simpático y sin prisas. Solo llevo dos horas aquí y creo que gracias a detalles como este no te da la impresión de estar en una gran ciudad, hay prisa sin prisas, tanto movimiento impasible. Ahora el simpático y popular muñeco sonríe también desde las tarjetas postales, camisetas, posters y toda la parafernalia que se despliega en las tiendas de souvenirs que invaden el centro de la ciudad. Se ha convertido, tras un proceso tan absurdo como inevitable, en uno de los símbolos de la movilidad sostenible de Berlín, y sus ciudadanos lo muestran orgullosamente como el botín de sus batallas contra los primeros gobiernos de la ciudad tras la caída del muro y de su lucha contra antiguas formas de vida.

Pero se me hace tarde, mi primer día en la ciudad y ya llego tarde a la cita con un alemán desconocido en un sitio del que no sé que esperarme y que tiene el extraño nombre de Kunsthaus Tacheles, y todo por ir divagando sobre cosas irrelevantes, ¿o quizá sí son importantes? Al llegar a media altura de la Oranienburger, al pasar bajo la imponente cúpula de la Sinagoga Nueva, giro a la izquierda siguiendo las indicaciones que llevo escritas en una hoja doblada varias veces en el bolsillo de los vaqueros. Tomo por un callejón que se adentra en el antiguo barrio judío, el Berlín Mitte, que ahora es un barrio multirracial tomado por artistas alternativos, okupas marginales, artesanos y gentes de variado pelaje y origen. Esto es otro mundo, donde el rio de bicicletas se atenúa de repente y el rumor de gomas desgastadas rebota sobre un piso de adoquines de entreguerras, un mundo donde las bicicletas circulan en un pedaleo con un aire de ausencia, y haciendo sonar sus timbres en una cadencia más humana, más amable...creo que ya he llegado.

Más de tres mil kilómetros recorridos desde que sonó mi despertador a las cinco y media de esta mañana en Málaga, tres aeropuertos diferentes, miles de caras desconocidas, una autopista colapsada de tráfico, el S-bahn de cercanías y dos veces perdido. Y al tener el destino delante de mis ojos me quedo sin aire, sin saber realmente que pensar.



Tacheles, que en Yidis significa “hablar claro”, es algo imposible de describir cuando lo tienes delante, cuando te abre su boca para que entres, una boca por la que podrían pasar coches y camionetas. La fachada de varias alturas de ventanales con cristales rotos, de hormigón ennegrecido por la polución, se impone lúgubre sobre los demás edificios de la calle. Este antiguo centro comercial construido en 1907, y que llegó a su estado ruinoso durante el régimen comunista, es un hormiguero de artistas alternativos que decidieron romper con todas las normas y okuparlo para ofrecer todas las formas de arte posible al nuevo Berlín; sus esculturas, sus pinturas, su artesanía. Hay un cine, teatro, música en directo continuamente. Tienen un bar y un restaurante de comidas ecológicas, un mercadillo en el que venden sus artesanías y hasta un bar chill out en un solar adosado. En los fantasmales pisos superiores sobreviven como pueden, sin luz ni agua ya que las compañías cortaron los suministros básicos hace tiempo. Pero resisten.

Ya estoy sentado en el suelo de tierra del enorme patio interior de la manzana, alrededor de la fogata hay un círculo de personas que meditan en silencio, hablan en voz baja o simplemente están absortos en el fuego.

“Sí, me llamo Michael, pero aquí me llaman Mihi, manía de los berlineses por hacer giros cariñosos con los nombres de todo lo que se mueve en esta ciudad. No, no soy alemán, jajaja, aunque te lo parezca, soy americano, de Oregón, aunque es cierto que mis abuelos eran alemanes que emigraron a los Estados Unidos, de ahí mi apellido Bauer, pero no me preguntes cómo acabé aquí”. Y después de esta introducción tan franca y directa se lanza a contarme la historia de esta famosa comuna, amenazada por la ley del mercado. “Se habla de grandes cadenas hoteleras y de empresas de centros comerciales, incluso se rumorea que el banco HSH Nordbank se ha quedado con la propiedad, para que te hagas una idea: son 20.000 metros cuadrados de terreno en pleno centro de la ciudad.  Aquí hay mucha confusión y me temo lo peor, la gente empieza a desmoralizarse y nos han conseguido dividir en dos facciones: los Tacheles EV que han decidido luchar hasta el final y el Gruppe Tacheles que ha aceptado una oferta muy tentadora (se habla de hasta un millón de euros) de un famoso bufete de abogados. Sinceramente, yo me levanto cada mañana pensando que será el último día en Tacheles, que me vuelvo a Portland antes de lo planeado”.

Al interesarme por lo que hace él aquí me confiesa: “bueno, soy arquitecto y participé en la redacción del Pan Estratégico de mi ciudad, Portland. Después me incorporé a la comisión ejecutiva del Plan durante sus primeros cinco años, me picó el gusanillo de la transformación de las ciudades en hábitats más sostenibles, más amables para los peatones y las bicicletas, en fin.. todo ese rollo de la movilidad, ya sabes. La movida de Berlín es muy conocida allí y siempre me interesó, y al enterarme de la experiencia de Tacheles ya no pude resistirme. Pero allí tengo a mi familia, mi novia (o eso espero), mis compañeros de universidad, y sé que volveré, me temo que pronto”.



Después de casi media hora de conversación alrededor del fuego, Mihi se percata de mi aturdimiento, y propone un café y algo de comer en el Oranien Café a la vuelta de la esquina. No me puedo negar.

Al salir de Tacheles tengo la vaga sensación de que algo me persigue, por momentos siento como si un vaho húmedo saliera exhalado hacia la acera desde los oscuros pasajes que penetran en el interior de los edificios, los laberínticos patios interconectados que taladran las manzanas del Mitte, 
los tristemente famosos “höfe” de la antigua burguesía judía, donde los nazies practicaron sus crueles cacerías. Necesito salir de este barrio, quiero salir a las grandes avenidas aunque ya sea de noche, sentir el aire frio de la ciudad pegándome en la cara. Al pisar de nuevo la amplitud de la Oranienburger Strasse ya sé cuál es mi próximo destino, Portland, me relajo por fin y disfruto de mi paseo hasta el hotel por la orilla del Spree, a ritmo de Ampelmänn.

José María Sánchez Alfonso
Diciembre de 2013




viernes, 13 de diciembre de 2013

PLAGIO CREATIVO "Poema 20 de Pablo Neruda"

Yo puedo superar tus tristezas esta noche.
Una noche sin luna que escuche mis lamentos,
oscura como naipes que olvidan el futuro,
tan solitaria como los besos del silencio.

Yo puedo superar tus tristezas esta noche;
en sus palabras últimas, sé que no me quiso.
Veneno destilándose a través del cristal
y sentí morir todos los besos que nos dimos.

Tú la quisiste pero yo la sigo queriendo,
sigo amando sus bellos ojos infinitos
como el paso del tiempo que no borra las lágrimas
que presiento infinitas, como el mar del olvido
con orillas inmensas anidando tristezas
y mañana sin versos, ausentes de rocío.

Tristeza es que mi amor no pudiera guardarla;
más triste aún que nada pueda darme alivio.
Tras intentarlo todo y probarlo también todo
sólo queda el insomnio, la fiebre y el delirio.

Ella dijo que ya no era la misma chica
pero yo sigo amándola y sigo siendo el mismo.
Tienes suerte, no la amas. No dejo de pensar
el futuro imposible si ella no está conmigo.

Y me da igual si es de otro, todos pueden amarla
y ella puede quererlos. Su silencio no admito.
¿La amas o no la quieres? Porque yo estoy seguro
es tan corto el amor e imposible el olvido.

Yo no puedo hablar de últimos porque será siempre
la inspiración de cada verso que en ella escribo.

jueves, 12 de diciembre de 2013

SERVILLETA 9 MENÚ

                                                                


Del Mar
Sabores craquelados de Oriente                               

Del Bosque
Brotes intrépidos y efímeros

De la Tierra
Tiernas hojas de color inquieto

Del Río
Chispeantes escamas y perlas transparentes

Del Obrador
Crujientes laminas almendradas

Del Fuego
Retales de sueños compartidos.

                                                                      noviembre 2013

martes, 10 de diciembre de 2013

Amanecer

Me he asomado a la ventana
y he visto el cielo nacer,
iba vestido de rosa
y el pelo rubio ablondado,
se esparcía por doquier.
Me he prendado en su silencio,
en los murmullos de luz,
que expandiéndose abrazaban
todo aquel valle de azul.
He rezado sin palabras
con nudos hechos de amor,
de una admiración callada,
que guardo en mi corazón

Servilleta amada

De mis silencios amanecidos
por tantos soles de papel,
y ayer..
porque me besaste
con tus labios de café

lunes, 9 de diciembre de 2013

Servilleta IV: Silueta roja

 

Silueta roja en la colina
de cal viva aquí en el mar.
Postigos con nidos de avispas,
la voz de Mina entrelazada
con la de Sabina.
Cordón umbilical fragmentado,
alquitrán en la boca; 
el sabor amargo que queda
por no saber a dónde perteneces.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

SERVILLETA 3: ¿Qué le pongo?

- ¿Qué le pongo? -me pregunta el camarero, mientras limpia con un trapo el mostrador.
Rebusco en mis bolsillos y le respondo:  “Un vaso de realidad, por favor”. 
El camarero me pone un vaso vacio delante mía y se marcha. Me quedo mirando el vaso, observando mi propia imagen en su reflejo. Cuando termino, salgo a la calle a seguir arrastrándome por el frío.

SERVILLETA 2 "No te maquilles"

Deja de maquillarte,
que tu belleza eterna y natural
es una obra de arte.
Mírate en el cristal
y podrás ver la aurora boreal

de belleza infinita.
No te maquilles, que eres una estrella
pura y no necesita
dejar en su piel huella.
La pintura no te hace más doncella.

martes, 3 de diciembre de 2013

SERVILLETA 1

ANDALUCÍA

Andalucía del aire, dormida entre la historia,
indiferente al cortejo de amantes incesantes,
concubina de castas, cortesana de razas,
madre por mil conquistas invadida,
virgen tenaz mil veces seducida.

Andalucía del agua, lozana y jubilosa,
bañada por un mar de antiguos navegantes,
impetuosa, sentimental y loca,
embriagada de aulagas, borracha de jazmines,
estremecida en risas de arroyos y corrientes.

Andalucía del fuego, agreste y orgullosa,
mecida en los ardores del verano, siesta infinita,
tus campos amarillos, de ese amarillo ocre
de los atardeceres dolientes y lejanos.

Andalucía de la tierra, soñada y entrañable,
cubierta por la nieve de almendros y cerezos,
hojarasca de luces, caballo desbocado,
niñas de piel de oliva bailando con la luna.

Andalucía querida, Andalucía del alma.


Andalucía.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Plagio Creativo.

La Maga bajaba por Puente Málaga.  Yo, entré al café de la esquina, para esconderme de ella, e inútilmente de mi mismo.  No quería encontrármela. Tener que explicarle que sólo podía quererla en las coordenadas precisas de la novela. Hoy, apenas recuerdo mi nombre: Horacio Oliveira.  Ya no soy un personaje, soy un hombre de papel.

(De la novela: Rayuela de Julio Cortázar)