jueves, 19 de diciembre de 2013

El minuto más largo.


El escritor se sentó en uno de los dos mullidos sillones, donde le acoplaron el micrófono. En el otro, le esperaba su entrevistador, block y bolígrafo en mano.
   ¿Está listo Sr. Miguélez?
   Sí, gracias, cuando quiera.
   Bien, comenzaremos por su último libro ¿de acuerdo? ―informa al escritor, tras lo cual le hace una señal al cámara. Carraspea-. En su nueva novela trata acerca de la percepción del tiempo en los momentos más críticos. ¿De dónde sacó la idea?
   Se trata de una vivencia personal que saqué de un vuelo donde estuve a punto de morir. La caía del avión fue de apenas un par de minutos, pero a mí me pareció eterna.
   De ahí su título, “el minuto más largo”, ¿no? ¿Se trata entonces de una autobiografía?
   No, no, sencillamente basé a mi personaje y la trama en unos hechos reales ―se acomoda en la silla.
   ¿Qué parte es real y cual es ficción?
   Casi todo es real. Solo he adaptado algunos personajes y situaciones para hacerlos un poco más interesantes; novelescos, si me entiende.
   Entiendo ¿Y qué parte de la novela le ha gustado más?
   Aunque parezca una locura, el minuto de angustia que viví encerrado en esa máquina en caída libre.
   ¿Podría contarnos realmente cómo ocurrió?
   Claro. Se trataba de un vuelo corto entre Seúl y Tokio. En esta zona, el principal problema del tráfico aéreo son los monzones, pero ya había pasado la época, por lo que no había que temer nada. Recuerdo que la mayor parte del viaje estuvo tranquila, casi aburrida, diría yo. No fue hasta comenzar a ver las costas de Japón que el avión entró en una zona de turbulencias. Desde la cabina informaron que se nos venía encima una tormenta y que para no toparnos con ella deberíamos tomar tierra en un aeropuerto cercano. Pero se equivocaron y la tormenta nos alcanzó. Al principio solo eran baches más o menos grandes, pero cuando chocó en condiciones contra nosotros, comenzaron las lluvias y el fuerte viento meció la nave como si fuera un columpio. Fíjese como sería la cosa que yo, que estoy acostumbrado a volar, estuve a punto de vomitar.
   Debió ser muy intensa entonces.
   Sí, bastante. Lo malo llegó al poco tiempo. El comandante anunció que iba a hacer un aterrizaje de emergencia porque no podían seguir en este estado. No acababa de decir la última palabra, cuando miré por mi ventanilla y me di cuenta que el motor derecho dejaba de funcionar; desde entonces solo pido asiento de pasillo. El avión se ladeo, comenzó a virar lentamente y a bajar. Escuché algunos gritos de mujeres y a las azafatas pidiendo que nadie se moviera de su asiento y que nos pusiéramos los cinturones. El viento seguía moviéndonos y la lluvia no ayudaba. El piloto intentaba compensar el avión. De vez en cuando, veía cómo las hélices intentaban arrancar. Aquello parecía una película de miedo: el ruido, los gritos, la lluvia. Justo cuando más bloqueado me sentía, me despertó la caída de las mascarillas de oxigeno. La cosa iba a peor. Nos ordenaron doblarnos y meter la cabeza entre las piernas. Esto calmó un poco los gritos, pero no los llantos. Fue la primera vez que sentí envidia de los creyentes, porque yo no tenía a nadie a quién encomendarme, ni siquiera familia. Seguí en esa posición, con la cabeza a punto de estallarme por la presión, no sé cuánto tiempo, hasta que un ruido conocido se asomó a mi oído: era el motor que volvía a arrancar. Lentamente sentí que nos estabilizábamos, aunque a mi corazón la noticia no le importaba y seguía queriendo salirse por la boca.
   ¿Qué ocurrió al final?
   ¿Usted que cree? El motor funcionó, el piloto estabilizó el avión y logró aterrizar con solo unos cuantos infartos de corazón y ataques de ansiedad.
   ¿Ha vuelto a volar desde entonces?
   Esta misma mañana, pero ahora prefiero dormir durante el vuelo, de este modo, si pasa algo y muero, no me entero.
   Vaya, vaya. Muchas gracias por la entrevista y espero que algún día vuelva a disfrutar del vuelo.

   Gracias a usted ―y se levanta, tras quitarse el micrófono, dejando al periodista acabar sus notas.

2 comentarios:

  1. Muy interesante Daniel, muy bien redactado y fluido, aunque noto unas cosillas que me chocan: lo "basar A un personaje": no quieres decir mejor basar el personaje?. Otra cosa es lo de la autobiografía, el entrevistado incurre en contradicción porque primero lo niega y luego lo afirma en una respuesta a qué parte de la novela había disfrutado más.

    Por cierto, los vuelos en aviones antiguos de hélice (no de reacción) entre Seoul y Tokio no eran nada breves, ahora un vuelo entre esas dos ciudades dura dos horas, imagínate en avión de hélices, yo hice Málaga-Lisboa y vuelta hace muy poco en este tipo de avión y duró más que una eternidad. Una eternidad más larga incluso que el minuto de tu personaje! Vaya, Se me acaba de ocurrir un relato...

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  2. Gracias, José María por tu anotación. La verdad es que tengo mis dudas. No lo había visto de ese modo. Tu opción es más directo, ya que alude directamente al personaje principal. La mía queda más ambigua, como que pudiere ser cualquiera de los muchos personajes de la novela.

    Por otro lado, que no sea biográfica, no significa que no pueda estar basada en un hecho real que le pasó. Gracias por tu tiempo.

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