jueves, 27 de marzo de 2014

AMOR ETERNO (Serie Relatos en negro)

Mi amada.
Ella lo es todo para mí.
Acompaña cada instante de mi existencia.
Hermosa y adorable.
Verla cada día es lo que me anima a seguir viviendo.
Mirarme en sus profundos ojos negros.
Acariciar sus mejillas, tan pálidas como una clara
noche de luna.
Deleitarme con su amplia sonrisa.
Extasiarme con su serena tranquilidad.

Esta noche, me he despertado sobresaltado por el ruido
seco de algo que chocaba violentamente contra el suelo. 

Ha sido su mandíbula, que ha vuelto a desprenderse.

Tengo que comprar un pegamento para huesos que
sea más consistente…

sábado, 22 de marzo de 2014

SONAMBULISMO (Serie relatos en negro)

Entro en la cocina y elijo el cuchillo de mayor tamaño.
Vuelvo al salón.
Es ahora o nunca.
Hundo la hoja hasta el mango en el blanco y fofo abdomen.
Cuando lo extraigo, un chorro caliente mana de la herida.

Y entonces me despierto.

El líquido espeso desciende por mis muslos desde mi ombligo.


Con un grito de horror, veo en mi mano el cuchillo ensangrentado.

sábado, 15 de marzo de 2014

El escritor que no lograba escribir






El atardecer se iba acercando silencioso. Desde el ventanal  "el escritor" observaba como la última claridad tenue y agrisada, se tornaba  dura y amenazante. No había habido  ningún rastro de sol en ése día de diciembre, solo unas violentas ráfagas  de viento, que dejaban en  el porche una alfombra suave de hojas muertas. Le gustaba ése momento donde la noche va engullendo lo que queda del día. Le gustaba ésa hora imprecisa a pesar del arañazo súbito que sentía en el plexo solar. Ese leve mordisco, como un recordatorio de que otro día se había consumado y él no había escrito nada. Otro día sin escribir, pensó mientras corría las cortinas con excesiva fuerza. Siempre que no lograba escribir, aparecía ése malestar, ésa mordaza. La huella de la culpa. Porque  él, aunque no lo supiera del todo, deseaba convertirse en Escritor.

Encendió la lámpara del salón y mecánicamente el televisor. Las imágenes del funeral de Mandela irrumpieron en el diminuto espacio. El escritor deseó entonces llegar a parecerse a ese gran Hombre y se olvidó por unos momentos de sus anhelos literarios. Mientras andaba buceando en  reflexiones que creía sinceras, de repente se le escapó una carcajada alta y liberadora. Yo..., yo, que llevo años votando en blanco. El ideal idealizado, pensó, mientras los residuos de la risa se tornaban fríos sobre sus labios apretados. En la lengua notó un extraño amargor, cómo de revelación inesperada.

Continuará...

jueves, 13 de marzo de 2014

¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?


Pero no tuvo la sangre fría para terminar el cigarro como si no hubiera pasado nada. La copa de vino si entró de un trago, seco y con quemazón.

Federico sudaba en el ascensor, los 27 pisos de la torre se le hicieron eternos. Se le pasaron por la cabeza todo tipo de escenarios, el tumulto de gente arremolinada en la acera, los gritos de espanto de los vecinos, el portero, Julián, poniendo orden y quedándose con todos los detalles para poder contarlo luego con propiedad, la policía tomando nota de lo ocurrido e interrogando...y lo peor: muchos fisgones estarían mirando para arriba, con las cabezas torcidas hacia el cielo de la planta 27, con miradas acusadoras.

Pero para su sorpresa no se encontró nada, buscó en los alrededores de la torre el borrón blanco orlado de rojo que vio desde las alturas, nada, no había ni rastro. Imposible, la vio caer, ella misma abrió el ventanal del salón y se lanzó por el balcón, gritando ese interminable ¿por queeeeeeeé? que se perdió en la limpia mañana de Madrid. Preguntó en la agencia de viajes si habían visto algo, no claro que no, que tonto, quería decir si habían oído algo. Nada. Preguntó a Julián, inútil, este hombre no suelta prenda si no saca algo a cambio, nunca. Nada, estúpido, la dejaste caer, y con ella voló la carta, esa carta que se metió en el bolsillo de la gabardina. Un momento, ¿y si la gabardina la hizo planear y aterrizar suave e impoluta hacia el oeste?, ¿en Argüelles? ¿Dios mío, no se le habría ocurrido tomar tierra delante del mismo CorteInglés de Princesa?

Federico se armó de valor, pensó que si María estaba loca, el lo estaría aún más, encontraría esa carta a cualquier precio. Se recolocó la bufanda y se metió por las callejuelas traseras del monstruoso Edificio España, con la respiración acelerada llegó a la desoladora comisaría de Distrito de la calle de los Reyes.
-Disculpe...
-No me joda, que son las nueve de la mañana caballero...
-perdone, pero busco a mi mujer.
-¡No fastidie hombre!
-Se lo digo en serio, salió volando hace media hora escasa, no ha podido llegar muy lejos.
-A buenas horas, ¡lo hubiera usted dicho antes y no hubiera perdido la concentración en el sudoku, vamos no me jodas!
-¡Oiga un respeto! –Federico rompió en cólera por fin.
-Ese debe ser al caso del “huevo frito”, pase a la puerta 3, en este corredor que ve usted ahí a la derecha, pregunte por el comisario Bermúdez, a él l’atocao el asunto. Y espérese un ratito que acaba de llegar de la Plaza de España muy estresado y ha salido a tomarse algo. ¡Joder vaya mañanita que llevamos!
-¿cómo que el caso del “huevo frito”? –preguntó Federico perplejo, intentando imaginarse un huevo frito sobre la acera delante de la torre.

-Oiga, ¡que yo no sé nada eh!, usted cruce a la esquina con San Bernardino y en el Piscolavi estará Bermúdez. Y yo no lo he dicho nada caballero.... 

martes, 11 de marzo de 2014

MOMENTOS DE LOCURA


−¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? −gritaba María.

El aire henchía su camisón y alborotaba su melena negra.

Vio aterrada como una mancha gris se abalanzaba sobre ella.

Y, tras un fugaz estallido de dolor, vino el silencio.

Asomado a una ventana de la Torre de Madrid, Federico también
se preguntaba  «¿Por qué?», mientras contemplaba, 27 pisos más
abajo, el borrón blanco orlado de rojo.

−Un momento de locura, lo tiene cualquiera −se dijo.


Cerró la ventana, se sirvió una copa de vino y encendió un cigarro.