sábado, 15 de marzo de 2014

El escritor que no lograba escribir






El atardecer se iba acercando silencioso. Desde el ventanal  "el escritor" observaba como la última claridad tenue y agrisada, se tornaba  dura y amenazante. No había habido  ningún rastro de sol en ése día de diciembre, solo unas violentas ráfagas  de viento, que dejaban en  el porche una alfombra suave de hojas muertas. Le gustaba ése momento donde la noche va engullendo lo que queda del día. Le gustaba ésa hora imprecisa a pesar del arañazo súbito que sentía en el plexo solar. Ese leve mordisco, como un recordatorio de que otro día se había consumado y él no había escrito nada. Otro día sin escribir, pensó mientras corría las cortinas con excesiva fuerza. Siempre que no lograba escribir, aparecía ése malestar, ésa mordaza. La huella de la culpa. Porque  él, aunque no lo supiera del todo, deseaba convertirse en Escritor.

Encendió la lámpara del salón y mecánicamente el televisor. Las imágenes del funeral de Mandela irrumpieron en el diminuto espacio. El escritor deseó entonces llegar a parecerse a ese gran Hombre y se olvidó por unos momentos de sus anhelos literarios. Mientras andaba buceando en  reflexiones que creía sinceras, de repente se le escapó una carcajada alta y liberadora. Yo..., yo, que llevo años votando en blanco. El ideal idealizado, pensó, mientras los residuos de la risa se tornaban fríos sobre sus labios apretados. En la lengua notó un extraño amargor, cómo de revelación inesperada.

Continuará...

2 comentarios:

  1. El síndrome de la página en blanco, llevado a su extremo, ¿no? Espero la segunda parte.

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