jueves, 13 de marzo de 2014

¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?


Pero no tuvo la sangre fría para terminar el cigarro como si no hubiera pasado nada. La copa de vino si entró de un trago, seco y con quemazón.

Federico sudaba en el ascensor, los 27 pisos de la torre se le hicieron eternos. Se le pasaron por la cabeza todo tipo de escenarios, el tumulto de gente arremolinada en la acera, los gritos de espanto de los vecinos, el portero, Julián, poniendo orden y quedándose con todos los detalles para poder contarlo luego con propiedad, la policía tomando nota de lo ocurrido e interrogando...y lo peor: muchos fisgones estarían mirando para arriba, con las cabezas torcidas hacia el cielo de la planta 27, con miradas acusadoras.

Pero para su sorpresa no se encontró nada, buscó en los alrededores de la torre el borrón blanco orlado de rojo que vio desde las alturas, nada, no había ni rastro. Imposible, la vio caer, ella misma abrió el ventanal del salón y se lanzó por el balcón, gritando ese interminable ¿por queeeeeeeé? que se perdió en la limpia mañana de Madrid. Preguntó en la agencia de viajes si habían visto algo, no claro que no, que tonto, quería decir si habían oído algo. Nada. Preguntó a Julián, inútil, este hombre no suelta prenda si no saca algo a cambio, nunca. Nada, estúpido, la dejaste caer, y con ella voló la carta, esa carta que se metió en el bolsillo de la gabardina. Un momento, ¿y si la gabardina la hizo planear y aterrizar suave e impoluta hacia el oeste?, ¿en Argüelles? ¿Dios mío, no se le habría ocurrido tomar tierra delante del mismo CorteInglés de Princesa?

Federico se armó de valor, pensó que si María estaba loca, el lo estaría aún más, encontraría esa carta a cualquier precio. Se recolocó la bufanda y se metió por las callejuelas traseras del monstruoso Edificio España, con la respiración acelerada llegó a la desoladora comisaría de Distrito de la calle de los Reyes.
-Disculpe...
-No me joda, que son las nueve de la mañana caballero...
-perdone, pero busco a mi mujer.
-¡No fastidie hombre!
-Se lo digo en serio, salió volando hace media hora escasa, no ha podido llegar muy lejos.
-A buenas horas, ¡lo hubiera usted dicho antes y no hubiera perdido la concentración en el sudoku, vamos no me jodas!
-¡Oiga un respeto! –Federico rompió en cólera por fin.
-Ese debe ser al caso del “huevo frito”, pase a la puerta 3, en este corredor que ve usted ahí a la derecha, pregunte por el comisario Bermúdez, a él l’atocao el asunto. Y espérese un ratito que acaba de llegar de la Plaza de España muy estresado y ha salido a tomarse algo. ¡Joder vaya mañanita que llevamos!
-¿cómo que el caso del “huevo frito”? –preguntó Federico perplejo, intentando imaginarse un huevo frito sobre la acera delante de la torre.

-Oiga, ¡que yo no sé nada eh!, usted cruce a la esquina con San Bernardino y en el Piscolavi estará Bermúdez. Y yo no lo he dicho nada caballero.... 

2 comentarios:

  1. Buena continuación, aunque en mi intención, el loco es él, que la empuja
    por la ventana. ¿O tal vez lo ha soñado?

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  2. Curioso diálogo; la continuación me deja perplejo.

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