domingo, 20 de julio de 2014

Una

Me dicen que por cada hombre,
hay no sé cuántas mujeres,
y sea esto como fuere
sólo hay una con tu nombre;
y esa es la que yo quiero,
lo demás es aguacero,
más tormenta para el alma,
que ya tiene suficiente
con saber que estás ausente,
para mantener la calma.
Cuando menos te lo esperas,
dicen que de forma brusca,
llegará la primavera,
pero sé que si no buscas,
la tristeza en la nevera,
será lo que en ti reluzca
y por eso es que te busco,
escribiendo el movimiento;
sin rendirme cuando el viento
sólo arroje su pedrusco,
al mirar alrededor
y la ausencia de color,
sea lo único que vea
junto a golpes de marea
y heridas de soledad.
Yo no quiero conformarme
con millares de almohadas,
cuando sé que existe un hada
con la que puedo arroparme
y será siempre la misma.
Por eso, salgo a buscarte
y a buscar esa señal
llena de complicidad,
puede estar en cualquier parte.
En el último arco iris
de la galaxia de Piscis
buscaré si es necesario,
sin que sea extraordinario
que siga mirando al frente,
buscando algo que me diga,
esa chica que consiga
desarmarme lo inocente
cuando luzca su sonrisa
y aunque no exista la prisa
su presencia sea urgente.

5 comentarios:

  1. Me gusta el ritmo,

    Un saludo!

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    1. Muchas gracias. A falta de profundidad e incomprensión, creo que el sonido de los ripios y fluidez pueden darle algo de encanto al texto.

      ¡Un saludo y muchas gracias por tu tiempo y tus palabras en esta entrada!

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  2. Me encantó leerlo, Juanjo, ligero y rítmico, lectura para una tarde de verano. O mejor decir que este texto es quizá como la misma tarde de verano que nos lleva a algún lugar de la mano, sin resistencia ni oposición de nuestra parte. Quizá la escritura sea nuestro destino, al que volvemos y volvemos, una y otra vez, sin saber realmente a donde, ¿o tú lo sabes Juanjo?, ¿has descifrado el misterio a base de pasar tardes escribiendo? o quizá los misterios no se resuelven de tarde, no en verano al menos. No podemos resolver misterios mientras nos llevan de la mano hacia un lugar al que probablemente nunca llegaremos, porque no podemos escribir mientras tenemos las manos cogidas por el destino.
    Muy bello Juanjo

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    1. Wooow. Gracias, amigo. ^_^.

      Me gusta la reflexión que planteas y no, no tengo ni idea de hacia donde vamos y quizá sea lo mejor de todo, la ignorancia que te hace improvisar, las nieblas de la incertidumbre que con cada paso que das, sólo se disipan lo justo para dejarte ver el paso siguiente. Puedes creer saber lo que quieres, y dirigirte a ciegas para conseguirlo, pero creo que no es posible estar seguro de que lo consigas, sea justo lo que has buscado.

      Escribimos sueños, un sueño que en este caso sueña con la plenitud de la compañía del equilibrio, del ente que complete las carencias de nuestra condición imperfecta. Y creo, o al menos, así lo entiendo, que la mejor forma de eliminar dudas es con fuerza y ritmo, como ese monje que llega a maestro cuando le ponen un jarrón delante y le dicen: "Este es el problema". El monje saca una espada y destroza el jarrón y llega a maestro porque sabe que los problemas, hay que eliminarlos y no pensar en cómo esquivarlos. El observador desde la orilla de verano, persiguiendo el deseo que tiene, busca romper las dudas, todas las leyendas que oye a diario sobre la promiscuidad humana, sobre lo efímero de los sentimientos, a base de ritmo y de fuerza en una canción que intenta también ser pegadiza para que la escritura pueda fluir más fácilmente en la mente, ya que nuestras manos, como bien dices, están cogidas del destino y no podemos usarla para facilitar las cosas.

      Gracias, José María ^_^. Que tengas un buen día.

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    2. Me gusta tu respuesta, es cruda y romántica a la vez. Pensando que la escritura y su ritmo nos descubran hacia dónde vamos. O al menos nos hagan leves las tardes de verano. Osea la vida.

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