domingo, 11 de enero de 2015

Ausencia de abrazos.

Cuando pasan tantos días
y tus brazos no me envuelven,
el encanto se disuelve
y se agota mi energía
por saber que en esta espera
no vendrá la primavera
en el alma a florecer.
Aunque a veces he pensado
dar un giro a este camino
ayudándome del vino,
sé, amor, que no he olvidado
las ganas de pelear
sin que deje de soñar
que algún día cambie todo
y la vida encuentre el modo
de volvernos a cruzar
en un viento más propicio,
con la certeza desnuda
que hiciera saltar sin dudas,
hacia ese precipicio
sin que importe las heridas
que me haga en la caída
por querer improvisar,
esa magia de esperar,
que allí también esperes.
Pero el tiempo no se para,
y tu abrazo no me llega
y el dolor del alma juega
con el puzzle de tu cara
que hoy no puedo mirar,
y que no logro olvidar
que sigue siendo el motivo
de que quiera seguir vivo
por si acaso la sorpresa
puede unirse con la suerte
y que el sueño de quererte
con tu porte de princesa
superara la certeza
de que no vas a venir.
Sé que tengo que seguir,
pero aquí me quedo quieto
sin creer en los milagros,
con el sabor cruel y amargo
del que ha perdido el reto
y sus sueños son pedazos
de un mar de desesperanza
destrozados por la lanza
de la ausencia de tu abrazo.

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