jueves, 1 de enero de 2015

No es igual que ayer


Ya no somos como ayer
y no tiene que ser malo;
sigues siendo ese regalo
que yo quiero proteger
a pesar de que sabemos,
de los roces que tenemos
cuando llega el desacuerdo.
Ya sabemos que no es rosa
todo el tiempo compartido
y la sombra del olvido
en el alma se nos posa,
convertimos en condena
una brisa hecha de arena
que no tiene más poder,
si se da el brazo a torcer.
Así que hoy he decidido
abrazarte ante tu enfado
y a esa rabia que has lanzado
disolverla en el silbido
que susurra que te quiero
y con un beso primero
que reviente la tormenta,
que tu boca eche veneno
y tus ojos echen truenos
para que nos demos cuenta
que no somos como ayer.
Pero... ¿sabes? He pensado
que por mucho que te enfades
por decirte mis verdades
mi verdad, está a tu lado.
Pero... ¿sabes? He pensado
que por mucho que me enfade
que me digas tus verdades
con enfados suspirados,
me derrites y derrotas
y mi alma estaría rota
si en la luna que anochece
falta el roce que estremece
al sentido de la vida.
Ya no somos como ayer,
discutimos y vivimos
lo que nunca nos creímos
que nos iba a suceder.
Ya no están las mariposas
que le daban color rosa
a la luna hecha de miel.
Pero... ¿sabes? si intentamos
regalar la voluntad
y tener la fiesta en paz,
seguiremos por el tramo
de lo cómplice y fugaz
de un presente sin futuro.
Puedo estar casi seguro
que lo vamos a lograr,
y aunque sea diferente,
el pasado está latente
y podemos recordar
las miradas que no hablaban
y que siempre se entendían
y también se emocionaban
con la luz de un nuevo día
que llenábamos de todo
sin dejar ningún recodo
sin llenar de tonterías.
Ya no somos como ayer
y mañana será igual,
volveremos a extrañar
lo que ya dejó de ser.
Pero... ¿sabes? yo te invito
a que sigas a mi lado,
sin pensar que está acabado
lo que tú y yo hemos escrito
aunque sea diferente,
adoptemos la vertiente
de querer el infinito
que el amor lleva en su vientre.

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